10.09.2009

Comunicado # 17. Vida de Compound. Y el asunto de marcar territorios….



Nota: Compound: Recinto de viviendas donde suelen vivir las comunidades occidentales en Medio Oriente muy similar a lo que conocemos en Colombia como unidad residencial.

Hola a todos. Cuentan quienes vivieron en Riyadh antes del año 2003, que ya nada fue lo mismo una vez que en el mes de mayo del mismo año ocurrieron los atentados terroristas que dejaron en pánico a la ciudad, no solo por la cantidad de muertos que ello dejó, sino por la zozobra de sentirse perseguidos y amenazados por el simple hecho de ser occidentales. Cuentan también, que el éxodo de muchas de las familias que habían venido a Arabia buscando un mejor futuro fue alucinante, y que quienes decidieron permanecer, lo hicieron bajo la promesa de las más estrictas condiciones de seguridad.
Digamos entonces que ahora, este es el panorama que antecede lo que hoy en día heredamos en condiciones de seguridad en los Compounds donde vivimos. Ese año marcó un antes y un después. Antes, muchos de los Compounds ni siquiera tenían muros que los delimitaran, simplemente eran conjuntos de casas tipo insertadas en la ciudad que se mezclaban con las calles sin problema alguno. Hoy en día, para acceder a cualquiera de ellos, por ejemplo al nuestro, hay que surcar mil controles, lo primero es abrir la primera puerta con tarjeta magnética, luego esquivar barricadas de concreto en zig-zag que garanticen la mínima velocidad del vehículo entrante, luego llegar a un primer control donde hay que abrir el capó para verificar que no cargas nada peligroso, te piden igualmente que abras el baúl para tener seguridad que no entres ni licor ni mujeres. Luego de esto, continuas surcando más barricadas de concreto custodiadas por un par de tanquetas militares con camuflado tipo desierto y cada una de ellas con un par de soldados que tienen unas armas rarísimas que parecen de plástico, luego viene el segundo control donde cuando no te conocen te paran para que muestres la identificación de que vives en ese Compound y ¡listo! ya estás adentro. Para mi, la experiencia de esta imagen fue bastante pesada y depresiva los primeros quince días, ya luego te vas acostumbrando y lo ves como un proceso rutinario normal. Pero al principio era inevitable acordarme de mi señora madre cuando en mis épocas de Colegio me decía: “Ay lucho, yo le pido mucho a mi Dios que no te lleven para el ejército, pero si es inevitable, ojala que te lleven al Sinaí, porque allá no hacen nada y pasan delicioso” confieso que por algún tiempo hasta me hice a la idea de prestar el servicio militar en ese desierto, pero ya ven como es la vida, no me tocó el Sinaí, pero estoy viviendo algo similar en imagen a tan solo “dos cuadras” de allí. Hago la analogía, porque al principio me parecía que siempre estaba entrando en una guarnición militar, y mientras estaba reparando en cada entrada y salida del Compound el doble cerco de seguridad que lo circunda (una reja exterior con remate en alambre de púas, después una vía interna de servicio y luego un muro como de 3 metros de altura rematado también por el mismo alambre, más una seguidilla de sirenas rojas y naranjas que distan unas de otras unos 4 metros), estaba pensando para mi mismo: “Ehh! LR, tanto fregar tu mamá con lo del Sinaí, eso era porque ya presentía que en algún momento de la vida estarías por estas tierras viviendo algo parecido”.
Y eso que puedo contarles que nuestro Compound es de los más relajados con respecto al tema del control, pero hay otros, por ejemplo donde jugábamos softball, que nos tocaba llegar con una hora y pico de antelación al juego, porque los controles tomaban cerca de 40 minutos que se te iban en caminar desde un parqueadero al otro lado de la autopista, luego surcar a pie un par de controles del ejército Saudí a quienes debes enseñar identificaciones, luego pasar a un control del gobierno de otro país que me abstengo de mencionar y quien es el dueño temporal de dicho Compound. Una vez allí, te cambian tu tarjeta de residencia por una tarjeta de visitante que te autoriza a entrar luego de que pases el control de metales y requisas tipo aeropuerto. Luego pasas a una sala de espera donde te recoge una busetica cuyo conductor es un escolta que te lleva hasta el campo de juego y se sienta en las tribunas a esperar a que se acabe el partido para llevarte de nuevo a la salida.
Se que todo esto suena extremo, asustador y tal vez hasta paranoico, pero para una ciudad pasada de tranquila como lo es Riyadh, se trata más de un tema de marcar de territorio: ustedes aquí(musulmanes) y nosotros allí (gente de occidente). La explicación no es otra cosa que los saudíes juiciosamente musulmanes y respetuosos de su ley, piensan que no deben contaminarse con lo que sucede al interior de los Compounds y por ello mismo tienen prohibido el acceso a estos recintos. Claro que no falta alguna que otra oveja descarriada que por gozar de doble nacionalidad, se las ingenia para entrar con otro pasaporte.
En parte es entendible, porque dentro de los Compounds por su calidad de “pueblo pequeño” se ve de todo lo que a un árabe saudí escandalizaría: Licor casero o a veces “del bueno”, mujeres sin Abayah, o lo que es mejor, mujeres en bikini en las piscinas compartiendo en absoluta normalidad con los hombres como en cualquier sociedad civilizada, fiestas, porque también algunos Compounds tienen bares y las rumbas son cada fin de semana, etc.
Dentro de los Compounds, la vida se lleva más o menos con normalidad, generalmente están bien equipados con gimnasios, piscinas, restaurantes, supermercados, lavanderías, canchas de tenis, squash, micro fútbol, baloncesto, etc. Es de alguna manera a las cosas que estamos acostumbrados en nuestros países, pero no me refiero a lo que ellas mismas significan en sí, porque en cualquier parte del mundo estos equipamientos son necesarios, sino a “el cómo” se suceden las relaciones humanas dentro de ellos, que es lo que corresponde a nuestro canon de “normal”.
Al fin de cuentas siento que se trata de un asunto de respeto: nosotros no queremos afectar a ninguna cultura (y menos a la local) con nuestras costumbres, pero tampoco queremos que se nos juzgue bajo la óptica de restricciones religiosas y sociales que consideramos absurdas. Y se, que aunque no es ni lo ideal ni lo humanamente civilizado, mientras que las maneras de concertación y respeto sean poniendo cercos y muros entre nosotros, pues que sigan existiendo.

Hasta una próxima ocasión.

8.18.2009

Comunicado # 16. Desde adentro del Cuartel. En Tierra de Vacas Sagradas: India….


Nota: Para comprender de mejor manera esta entrada es bueno haber leído con antelación la entrada # 8 de este mismo espacio.

Hola a todos. Tengo un vago recuerdo que de niño siempre me inquietaba de sobremanera la geografía: eso de saber sobre capitales, sobre lugares remotos, sobre países apartados, sobre cómo vestiría la gente en otras latitudes ocupaba bastante tiempo de mi vívida infancia. Luego con el pasar de los años esas inquietudes fueron transformándose en sitios concretos, que al final no terminaron siendo otra cosa que el unísono de lugares comunes cuyo génesis era la reunión de imágenes del cine, de fragmentos de textos, de historias de viajeros, pero sobre todo de “ósmosis popular”; de esa manera tan fácil de interesarnos solo por lo que nos cuentan otros o de lo que nos queda grabado por física repetición, pero nunca por inquietud propia. Por eso siento que cuando se nos pregunta: "¡Ey vos! ¿Qué parte del mundo te gustaría conocer?" Yo creo que sin falta escucharía: "¡Uy! Hermano a mi me gustaría ir a La India, o a La China, ¡ah no, ya sé! Mejor Egipto. ¡Eso! Te imaginas". Pero pare de contar. Ya sé que me dirán: "Ey Viejo, pero está súper de moda ir a Argentina y a Chile". Pero de verdad me sentiría muy contento de escuchar deseos que no estuviesen vinculados con el imaginario colectivo sino con el interés personal de enterarse que el Mundo es enorme y por ello mismo naturalmente rico en variedad.
El problema de solo tener información referida fundamentalmente por el cine, los libros o la televisión, es que en su mayoría dicha información viene encapsulada en dosis idílicas, místicas, y yo diría que hasta mágicas y que hace que elabores tu propia imagen de los sitios de una manera enamoradiza y casi perfecta, pero eso sí, nunca real. Recuerdo que algo así menciona Richard Sennett en su libro Carne y Piedra, cuando habla de la desilusión que puede causarle al hombre cuando tiene interiorizado la perfección del sexo del cine lleno de sábanas blancas, música lenta, ausencia total de sudor, de mantos que ondean suave y libremente por el ambiente e incluso del espacio mismo donde se sucede y cuando esto lo compara con el sexo real. Pues lo mismo ocurre cuando pisas las pirámides de Egipto y en vez de ver la mística y aventurera presencia de Indiana Jones, lo que te encuentras es al popular vendedor de paletas que te persigue hasta el agobio, también el señor que te quiere tomar la foto, el otro que quiere que tus niños se suban al camellito y así sucede con la mayoría de los sitios icónicos del mundo.
Por ahora me voy a ocupar del país que ya no se si cariñosa o fastidiosamente llamamos “El cuartel general de La S.S.: India” y de la fugaz visita que con motivo del matrimonio de un buen amigo tuvimos la oportunidad de vivir.
Antes que nada y después de este “ladrillazo” introductorio quisiera manifestar que siento mucho que lo que les cuento a continuación sea una de esas desilusiones de las que hablaba un poco más atrás porque nada mas alejado de esa India mística de ensueño, de esa India milenaria que llevamos soñando conocer toda la vida a lo que te encuentras en la realidad. De todas maneras esta fue una de esas experiencias a las que uno acude como soldado avisado, porque esto de vivir en medio oriente ya te va dando cierta experiencia con el personal de la India y cada unos de sus agentes S.S. (valga la pena decir: unos 1.100 millones) ¡Y como no! de sus expertos ataques al hombre occidental.
Uno aborda el avión con una sensación dual, medio molesta, que creo viene de la dicotomía de estar por un lado fascinado por saberse rumbo a esa India maravillosa y tradicional, pero molesto por el otro, porque acaban de pasar las azafatas rociando ambientador a dos manos a lo largo del avión para mitigar el olor tan maluco y muy propio de esta gente, y esto ya te iba dando una idea de lo que te esperaría al llegar. ¡Y ojo! No es xenofobia, huelen así, como a especias, a curry, a sopa. Es más, recuerdo a varias amigas azafatas en Dubai como refunfuñaban cada que les tocaba un vuelo a India, Sri Lanka o Pakistán, todas coincidían en que se ponían un poquito de mentol o de perfume debajo de la nariz para no tener que soportar el peculiar olor. Es de verdad que nosotros en nuestra cultura del “ultra aseo” no estamos acostumbrados a semejantes aromas.
Luego de pisar suelo Indio, y una vez has logrado superar los controles de inmigración que significa entrar por New Delhi y sus apretadas filas, quedas ya a merced de lo que los agentes de La S.S. tengan preparado para ti, que además, solo quiere decir una cosa: ataques múltiples inminentes.
Tomo entonces un taxi viejísimo y destartalado, bajo un calor de 36º y humedad de 70%, con un taxista que no tiene ni la más remota idea donde diablos queda el hotel, pero que arranca así sin más, y uno que ya va bastante agobiado por el calor le dice que si puede prender el aire acondicionado del carro (que aunque viejo, el carrito tenía) y el tipo te dice riéndose: “¡si! si tiene aire, pero malo” me digo a mi mismo: “Luisro: ataque #1 y contando”. Luego a medida que pasa el camino vas haciéndote conciente de la ciudad y de lo mugre y lo agobiante que es: ves basura por todas partes, todo el mundo conduce caóticamente y no usan los retrovisores, que además los tienen doblados para no rayar los demás carros cuando se juntan en cualquier semáforo, todo el mundo conduce pegado del pito que reemplaza los retrovisores porque te avisa sin error que ahí vas detrás y por supuesto que te apartes porque el otro necesita pasar. Encima conducen por el lado derecho como los británicos y uno para ese entonces aun no se acaba de familiarizar con ese lado y todo te parece contravía y ¡claro! Que todos te van a chocar; y eso sin contar la nube de los que ellos llaman “Tuc – tuc” que son unos carritos como los que tenía “todoelmundo” en la novela “Las Juanas” pero con el estilo de conducir de moto taxista costeño. Finalmente a punta de preguntar y preguntar y después de dejar descansar las manos de lo fuerte que venías agarrado en el taxi, logramos llegar al hotel donde un botones me indica la habitación y me hace hincapié en que ahí dentro del closet hay una caja de seguridad donde guardar cosas de valor. Mientras me preparo para salir a la calle, separo el pasaporte y tiquetes de regreso para guardarlos en la caja y ¡oh sorpresa! La caja no se puede abrir. Acto seguido llamo a recepción donde me envían a un fulano que me dice: “Buenos días, yo soy el manager del piso y vengo con esta llave a abrirle su caja”, el tipo intentaba e intentaba sin resultado alguno, a lo que le dije: “mira, esa llave tiene un número que no corresponde con el de esta caja. Debes cambiarla por la llave apropiada” y me responde: “¡Ah es verdad!, déjame llamar al General Manager que el hace eso”, ya yo iba anotando en mi libreta de apuntes: “Luisro: ataque #2 y contando”, luego de cinco minutos llega otro tipo, pero ya este con corbata, se presenta como el General Manager y también procede sin éxito. Este tipo usa el mismo recurso del anterior y me dice: “ummm, vamos a tener que llamar al Superior General Manager, porque yo no pude”, al cabo de un momento llegar un fulano ya canoso y evidentemente superior a los otros dos, e igualmente fracasa en el intento de abrir la jodida caja y yo ya me andaba enervando a lo que el tipo se anticipó y me dijo: “De verdad lo siento mucho señor, pero esto lo tendrá que hacer el Gerente general del hotel, pero llega hasta dentro de media hora. Pero lo invito a que pase y tome su almuerzo mientras espera”. Y suelta esa risita de amabilidad, pero que ya uno sabe que es la satisfacción de sentir como se lleva un ataque a la perfección. Yo caminé echando humo por las orejas rumbo al restaurante donde el mesero antes de tomar el pedido me pregunta que si quiero algo de beber y le digo que me traiga una Sprite. Luego de dos minutos me dice: “señor no hay Sprite, ¿le parece bien una 7up?", le digo que si, que eso es lo mismo. El hombrecito vuelve con una cosa distinta llamada Mountain green y me dice con el desparpajo de una excelente agente S.S.: “Señor aquí tiene su gaseosa, no es Sprite, pero le juro que sabe a 7up”. Allí, en esa mesa, comencé de manera automática a buscar las cámaras escondidas para confirmar que estaba en algo parecido al “Truman show” porque sentía que al otro lado de los televisores estaba saliendo como el hazmerreír de todo Bollywood y la gente en los bares y plazas de Bombay celebrando con cerveza y con letreros que ponían: “Luisro: ataque #3 y contando”.
Bajé de nuevo a la habitación con la firme decisión de marcharme sin insistir en lo de la caja de seguridad, pero curiosamente el Gerente General del hotel me estaba esperando en la puerta y cuando entramos simplemente pasó una tarjeta magnética y la caja abrió inmediatamente. Al parecer ya les había parecido suficiente con los ataques del día y me dejaron libre por un momento.
Ya para salir a hacer los típicos recorridos turísticos contraté un taxi para todo el día. Para mi sorpresa me tocó con Ajay, un conductor bastante educado y servicial quien me enseñó la ciudad y muchos de sus vericuetos de una manera bastante completa. El problema con Ajay, era que yo no contaba (o al menos lo había olvidado por un momento) con un par de detalles que son de lo más naturales para la cultura India: uno, el escupir en todas las esquinas o abrir la puerta del carro en un semáforo y hacerlo simultáneamente con otros desprevenidos conductores; y la otra, estar eructando cada que les place, por ejemplo a nuestro amigo Ajay le conté once eructos durante el día de recorridos. También tengo que contarles una metida de pata que cometí con Ajay: resulta que comencé a ver por la calle a unos tipos vestidos con pantalonetas y camisetas naranjadas cargando unos palos llenos de adornos y saliendo de una carpa con música y llena de bananos, fritos, agua, etc. Y se me ocurrió preguntarle a Ajay: “Oye ¿eso es una feria? ¿O un circo? A lo mejor vale la pena entrar". Y el tipo medio serio me responde: “No hombre, eso es un ritual anual de mi religión Hindú y lo que cargamos en esos parales es agua que traemos desde el lugar sagrado hasta estas carpas” Quedé como muñeco de Condorito: ¡Plop!
India es un país donde estos asuntos excretorios son bastante normales, pero no por eso dejan de ser agresivos y desagradables para el turismo, se puede ver de todo, desde lo que les conté con el taxista hasta gente defecando en colectivo y a la vista de todos. Aunque igual pienso que no les debe importar mucho puesto que el grueso del turismo es fundamentalmente local, o sea indios de otros estados que deben ver todo normal. A mi me seguirá pareciendo extraño, pero cuando se trata de lógicas inversas, los Indios son los campeones, por ejemplo, les preocupa que a las mujeres jóvenes se les vea algo del dorso y las mantienen bien envueltas en los Sarees (traje típico de la mujer India), pero cuando están viejitas el pudor ya no existe y andan con las carnes colgando y el Saree queda reducido a ponerse una especie de top con una manta encima pero que inevitablemente deja al descubierto esa horrible pero natural “mondonguera” que a todos nos cae con la edad.
Igualmente existe un grave problema con la natalidad femenina, puesto que se considera un verdadero problema tener hijas, porque el pensamiento inmediato es en la dificultad de conseguir la dote para poderlas casar bien casadas porque de otra manera es la mayor deshonra familiar no poder hacerlo. Por esto mismo se ha generado un problema social tremendo de asesinato de neonatas. Incluso me contaban hace poco, que hay muchísimas casas de la congregación de La Madre Teresa de Calcuta donde reciben las niñas que los padres no quieran quedarse con ellas y que igualmente no opten por asesinarlas. Simplemente las dejan allí por una ventanita que está abierta las 24 horas y te desentiendes para toda la vida de tu hija y la dejas a la buena suerte de la crianza que le den las monjitas. Y al parecer estas casas no dan abasto.
Ya para este punto, cuando llevas unos 4 días en este territorio y has recibido tal cantidad de información y así mismo la has contrastado en tu mente con tu lugar de origen, muy atrás ha quedado ya, esa imagen de India de ensueño y ya estás cansado de comer esos potajes multicolores que componen la gastronomía India y lo único que deseas es darle un buen mordisco a una hamburguesa para tratar de alejarte de ese mundo. Es ahí cuando te entra el desespero por encontrar un Mc.Donald´s, pero cual sería mi sorpresa, que al hallarlo, solo había tres productos: nuggets, wrap de pollo y hamburguesa de pollo; e inmediatamente recordé a mi profesora de primaria cuando decía: “recuerden que en la India no comen vacas porque son sagradas”. Aunque a la profe le faltó contarnos que en algunos estados Indios no se comen la vaca pero si al toro. Como ven la ilusión de una hamburguesita de carne quedaba fulminantemente desmoronada.
Como ven, India es un país de contrastes y de cosas extremas y no es ningún mito eso de que la gente va montada en los techos de los buses, ni que la pobreza es evidente a puntos de miseria: es común ver gente durmiendo en la calle, dentro de canecas, en charcos y creo que de alguna manera esto revela la existencia de gran variedad de religiones que deben tratar de ofrecer algún tipo de fe que pueda mantenerlos con vida, con esperanza, porque con seguridad ante tanta miseria en algo se habrá de creer, y a pesar de que cuando se trata de atenciones estas personas son bastante cálidas y hospitalarias, a mi me queda la sensación de que se han ido abandonado a una suerte decadente que con seguridad no tendrá un buen final. Ojalá me equivoque.

Riyadh, Saudi Arabia. Hasta una próxima ocasión.

7.10.2009

Comunicado # 15. La hora del rezo. A propósito de lo insólito….


Hola a todos. Continuando con la serie de cosas insólitas que vamos descubriendo por nuestro trasegar en Oriente Medio, esta vez he querido contarles el como muchas veces la fuerte devoción religiosa de estos personajes puede llegar a afectar nuestro tiempo y espacio en la vida cotidiana.
Así como en muchas de nuestras ciudades occidentales nos quejamos por la falta de tiempo, por los largos desplazamientos, por lo lento del transporte público, por los largos trancones, etc., así mismo nos podemos quejar en Saudi Arabia de “La Hora del Rezo”, puesto que este país es relativamente tranquilo en los aspectos mencionados anteriormente; y ¡créanme!, cuando alguna ciudad es excesivamente tranquila siempre habrá algún motivo para quejarse.
Aunque no me guste mucho la palabra “queja”, me voy a permitir usarla porque me parece que es la que mejor se ajusta en términos de reacción humana ante una situación que no te es para nada normal y que además te puede dejar altamente sorprendido por simple incomprensión de la misma. Se que esto puede sonar un poco confuso pero ya verán como todo se va aclarando a medida que vaya avanzando este relato.
Resulta pues, que como ya alguna vez les había contado, cada musulmán debe rezar religiosamente cinco veces al día, cosa que yo no le veía mucho inconveniente en la medida que ello se manejara dentro de un marco de respeto y de no afección a nuestras costumbres, además veníamos acostumbrados a los “informales” rezos que realizaban nuestros compañeros musulmanes en Dubai, cosa muy distinta a lo estricto que se maneja este tema en Saudi Arabia. Como sabrán, cada rezo tiene unas horas específicas que van cambiando durante el año conforme a su propio calendario, que entre otras cosas está regido por la luna, y que además, como dato curioso les cuento que los musulmanes están en el año de 1430 y así mismo debemos fechar toda correspondencia con ellos. Pero bueno, continuando con lo que venía, el ritual del rezo además de los tiempos, exige, que cada persona antes de rezar se lave los brazos de los codos hacia abajo y las piernas de las rodillas hacia abajo, con lo cual es bastante habitual encontrar lavatorios en mezquitas, centros comerciales, aeropuertos o en cualquier sitio público. Debo reconocer que Riyadh, debido a su devoción, está muchísimo mejor equipado para esto que lo que está Dubai con su invasión occidental. En Dubai, ante la ausencia del recurso lavatorio, era habitual entrar a los baños echando “madrazos” porque antes del rezo estos hacían fila y se lavaban con la manguera que está al lado del sanitario y dejaban el baño vuelto una total piscina. De verdad era muy desagradable. Y eso cuando no era que veíamos a unos con dotes de malabaristas con los pies montados en los lavamanos comunes, lo que nos causaba un gran desaliento y preferíamos lavarnos las manos luego cuando la impresión de fastidio se nos hubiese olvidado un poco. Aunque también tenía su lado cómico que, una vez limpios, se dirigieran al salón de juntas a rezar con los pantalones del cachaco remangados al igual que sus camisas, todos se parecían a Tom Sawyer cuando jugaba en el río.
Es también habitual encontrar cuartos de rezo en todas partes, puesto que todo debe estar equipado para rezar donde los coja la hora. Aquí les cuento que donde no hay cuartos, estos se las ingenian para hacerlo, por ejemplo, en los edificios que tenemos en obra, los trabajadores se lavan con las mangueras y buscan un sitio apartado, tiran un cartón en el suelo, y a rezar. Aunque he visto un par de casos aun más insólitos, una vez conduciendo por una autopista de alta velocidad en las afueras de Dubai, vi como dos obreros parqueaban su carro a un costado de la vía y se tiraban ahí en el asfalto a rezar ante el temor inminente de quedar condenados por no hacer el último rezo del día. O, en otra ocasión regresando de Abu Dhabi a Dubai en un Microbus, el conductor paró en una mezquita de carretera y nos dijo que iba a rezar y nos dejó ahí tan tranquilo dentro del carro, por supuesto todo el mundo estaba disgustado y más sabiendo que el ultimo rezo es el más largo. El hombre regresó al cabo de media hora y al ver nuestras caras de disgusto, nos miró así como quien dice: ¿Qué? ¿Entonces no rezo pues? Como ven, aunque a excepción de este par de situaciones, las historias con el rezo no influían tanto como aquí en Riyadh, donde todo el mundo carga en la billetera una especie de calendario con los horarios del rezo semana a semana, y no es en broma, pero es una herramienta supremamente útil, pues aquí todo se muere a “la hora del rezo”. Hay incluso muchos sofisticados que tienen en sus I Phones la aplicación “I Pray”, que te marca digitalmente los mismo que el calendario de billetera, se incluso que también hay una versión para Nokia, pero aun no la he podido bajar. Es muy anecdótico, pero no por eso deja de ser molesto esto de que todo lo cierren a la hora del rezo. Por ejemplo, la primera semana que estuve en Riyadh fui al Carrefour a hacer la compra y escuchaba como todos antes en el carro hablaban de ¡pilas con el rezo!, pero la verdad como que no me enteraba de lo que ello significaba, permanecía tranquilo. Pero una vez adentro entendí, estaba comprando unas verduras cuando una voz por la megafonía anunciaba que en 10 minutos comenzaba el rezo, yo, naturalmente no entendía, y cuando me dispuse a pesar las verduras el hombre que las pesa me dijo: ¡Ah, lo siento…me voy…es hora del rezo! Y me dejó ahí parado y no me pesó nada. Poco a poco fui notando como se iba amontonado la gente que esperaba pacientemente que el hombre regresara. Así mismo sucede en las cajas, si es hora del rezo, cierran el Carrefour, todo el personal se va a rezar y te dejan ahí encerrado y con el mercado tirado en la caja. Por supuesto ya hemos aprendido a mercar mientras rezan, para que cuando acabemos, ya ellos hayan regresado. Y así con todo, en los restaurantes te piden que salgas, a no ser que ya estés comiendo, no te venden ni un tinto en ninguna parte, no hay bancos, no hay almacenes, literalmente NADA abierto. Lo curioso además es que cuando uno sale de trabajar a las 6 p.m, es cuando se puede salir a hacer “vueltas” como decimos en Medellín, pero claro, tienes que tener en cuenta que a esa hora aun quedan los dos rezos finales de día, con lo cual me quejo de tener que sacar el papelito de la billetera para programar mi salida, no a la hora que me plazca, sino a la hora que a ellos su rezo los deje hacer su trabajo.


Riyadh, Saudi Arabia. Hasta una próxima ocasión.

5.30.2009

Comunicado # 14. En Carne Propia. No es tan grave como parece, pero….


Hola a todos. Son muchas las cosas que hay por contar de Saudi Arabia, pero no quiero agobiarlos con mucha información ausente de profundidad, así pues, he preferido concentrarme en contarles las primeras impresiones después de casi tres meses de habitar en este país. Tal vez enuncie varios temas que seguro pasaré someramente por encima de ellos para ir dejando tema que sirva de material para unos próximos escritos, porque créanme, es mucho lo que da para hablar este terruño.
Desde que comenzó esta experiencia en Medio Oriente y una vez fuimos concientes de lo que significaba habitar en el mundo árabe, siempre nuestro mayor miedo fue el ser transferidos a nuestra sede principal en Riyadh, Saudi Arabia, puesto que los rumores que se escuchaban eran demoledores: que si lo estricto de la religión, que si la prohibición para las mujeres, que si las persecuciones contra occidentales por parte de La Mutawwa (policía religiosa), que si la pena de muerte en plaza pública, que todo ocio estaba prohibido, etc. Era de alguna manera el “coco” que frecuentemente nos asechaba. Incluso fue tanto el temor al asunto, que me animé a escribir en un comunicado anterior mi absoluta oposición a todo lo que escuchábamos (creo que lo hice como una catarsis al miedo…exorcismo personal del puro). Pero como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, “tome pa´que lleve”, aquí estamos hoy trabajando en Saudi Arabia.
Si bien es cierto todo lo que contaba en el comunicado aquel; como enuncio en el subtítulo de este relato, la historia no es tan grave como se rumoraba o como muchos exagerados lo hacen ver, pero no por ello deja de sorprender, ni de causar miles de incomodidades en el día a día.
Una de las cosas que más me ha sorprendido, es que siendo Saudi Arabia el país petrolero mas rico del mundo y el mandamás de la región en términos religiosos y económicos, curiosamente es al que menos se le nota el desarrollo. La inversión en infraestructura en Riyadh, su capital (cuidad en la que vivimos) es poco notoria y esto se evidencia en que las vías no son las mejores, hay muy poca iluminación en ellas una vez te alejas un par de kilómetros del perímetro urbano; la ciudad es en un 90% plana (casas hasta dos pisos y uno que otro edificio de tres o cuatro), la ausencia de edificios en altura es notoria, solo dos rascacielos se asoman por la ciudad y esto es realmente poco si se compara con el vertiginoso y por ahora apagado desarrollo de sus vecinos: Dubai, Abu Dhabi, Doha y Manama. Esta ausencia de hitos, y el que la ciudad sea tan homogénea en imagen hace que personas nuevas como nosotros suframos constantes pérdidas de rutas, dificultad para encontrar los sitios, porque hay muy pocos referentes con los cuales orientarse y si a eso se le suma que la mayoría de los letreros están solo en árabe puro y duro….pues ya se imaginarán. En general, es una ciudad fea en imagen (esto es una opinión bastante personal), es algo así como una foto amarillenta de los 70´s, que cada tanto me descontextualiza del momento en el que estoy.
De todas maneras siento que todo esto tiene una razón de ser y no se puede ser tan duro en las comparaciones entre ciudades de Medio oriente, puesto que todas las ciudades que mencionaba atrás, son ciudades costeras y han tenido tráfico de buques cargueros desde hace unos 20 años para acá y de turismo desde hace otro tanto. Y casi siempre, estos modelos de ciudad por el movimiento tácito de sus puertos, se desarrolla de manera más rápida que una ciudad que está incrustada en medio del desierto como Riyadh y que su crecimiento obedeció más a la edificación de comodidades en un cruce de caminos, que a un prometedor desarrollo de una metrópoli.
No sobra decir, que las otras ciudades tienen igualmente una posición un poco más abierta con respecto a la influencia de occidente y son tal vez otro poco más permisivas en los asuntos del extremismo religioso, cosa que en Riyadh es casi impensable. Lo que en consecuencia favorece el desarrollo de unas y frena bárbaramente el progreso de la otra.
Riyadh, no es una ciudad con mucha historia, por el contrario, es una ciudad relativamente nueva y con todas las cosas torpes de quien está aprendiendo a caminar. No hace falta sino salir a la calle para darse cuenta de lo terriblemente mal que conducen estos suicidas del volante: se te pasan por la derecha, se montan por los separadores, van tranquilamente a 100 km/h en contravía, sin exagerar pasan a 160 o a 180 km/h por vías normales, pero lo que me ha parecido más incoherente es verlos en una glorieta, pues paran el carro en medio de ella y la vía la lleva entonces el que apenas va a entrar en ella y ¡ojo! Que además para hacer un retorno no le dan la vuelta de 360 grados a la glorieta, sino que se meten en contravía haciendo una U totalmente suicida y asesina si tenemos en cuenta que hay quienes conducimos de manera normal. Pero bueno, hay que ser comprensivos y entender que esta gente además de haberse bajado de camello antier, también tienen un chip que les dice: “este país es mío, y en él, hago lo que se me de la gana”.
Hemos estado también afectados por el clima (creo que esto se debe a esta época específica del año), Riyadh, por ser ciudad interior es absolutamente seca. La humedad es casi imperceptible, lo que hace que la piel se te reseque tremendamente y que la retención de líquidos en el cuerpo sea muy alta. Hay que estar hidratándose constantemente y ya hasta se nos ha vuelto normal el uso de crema de manos en todo el cuerpo. Y ni que decir del famoso chapstick, ya es un artículo de primera necesidad y cada uno de nosotros lleva uno en el bolsillo. También es frecuente tener un color amarillento en la ciudad debido a las constantes tormentas de tierra, que son algo muy parecido al smog, solo que te afecta más directamente, quiero decir, que eres más conciente de ello, sobretodo si estás afuera haciendo deporte o simplemente caminando, solo cinco minutos y ya tienes la garganta seca del polvero y cuando llegas a casa y te limpias la nariz, te puedes sorprender de la duna que te sale; ¡je,je,je! ya se que es una exageración, pero algo tiene de certeza.
Otro detalle que contribuye a que la imagen de la ciudad sea un poco pesada, es la proporción de población árabe vs. Población occidental, en Dubai estábamos acostumbrados a que los árabes, así fuese su ciudad, eran una minoría, pero aquí es totalmente al contrario y la minoría ahora somos nosotros, sales a cualquier sitio y está lleno de mujeres con Abayah (que aqui es siempre obligatoria) y de hombres con Thob (nombre que recibe en Saudi Arabia el traje tradicional árabe), es una imagen de figuras blancas y negras muchas veces intimidante, sobretodo cuando sabes que tu eres el raro en el entorno y muchas veces se reciben miradas extrañas, en ocasiones acusatorias, pero que más da, nos consideran infieles en tierra sagrada.
Se que todo esto no suena muy agradable, pero insisto, no es tan grave como parece y no estoy sufriendo precisamente de mal de vereda con el país, simplemente vas con despacio buscando adaptarte a culturas extremistas como esta. Aunque algo me dice que nunca vas a terminar por adaptarte a algo que te es tan ajeno.

Hasta una próxima ocasión.

4.19.2009

Comunicado # 13. ¡Closing – Crisis - Closing!: Vientos de crisis.


Hola a todos. Closing, crisis, closing, crisis, closing, eran las palabras más comunes que podían escucharse por los meses de Diciembre (2008) y Enero (2009) en Dubai. Por donde quiera que caminabas, o con quien quiera que hablaras o lo que fuera que leyeras cuando abrías un periódico era lo mismo: “…todo está cerrando por la crisis…” quizá, para ese mismo momento, estaba sucediendo lo mismo en todos los rincones del globo, pero de alguna manera todos quienes habitábamos en Dubai teníamos un cierto aire de fresquillo como quien está seguro de tener algo en sus manos. Lastimosamente, y para sorpresa de todos, no vimos venir el gran debacle económico que se nos venía. Todo pareció como su hubiese sucedido en un par de semanas, y de esa misma manera a todos pareció tomarnos por sorpresa. Pero claro estaba que la historia ya venía de tiempo atrás por el alto nivel especulativo que se permiten tener estas economías emergentes y mas aun, por sentirse ellas mismas imbatibles ante cualquier crisis.
El ego de sentirte los niños poderosos de la zona, las constantes demostraciones de poderío económico y de desarrollo y de todo el sinnúmero de historias fantásticas y desbordantes que siempre solíamos escuchar de este Disneyland que se ha preciado de ser siempre el “más” en todo, los hizo olvidar que en cualquier momento todo se podía caer tal cual como sucedió. Había que ver como en un par de semanas los rostros de felicidad, comodidad y buena vida fueron transformándose en rostros de preocupación e incertidumbre. Fue entonces una constante comenzar a asistir ya no a cumpleaños y a barbacoas sin motivo sino a despedidas de amigos, era cosa de cada semana decirle a alguien adiós. Fue entonces cuando todos decidimos preguntarnos que iba a pasar con nosotros mismos, porque ya se veía que el problema era grande y colectivo. No obstante, todos seguíamos con la esperanza de que la historia fuese solo pasajera, aun se pensaba que era cosa de días o a lo sumo un par de meses y que una ayudita aquí, otra por allí y un que otro préstamo de la banca internacional podía echarle una manito a mover la ciudad, ¡pero nada! Todo era un NO rotundo por doquier, el Mundo también andaba sumido en lo mismo y el efecto dominó de la caída de economías más poderosas dejaron a la ciudad viviendo en un tiempo de incierta recesión. Ya ni el petróleo era una fuerza grande de ayuda al verse también afectado de manera natural por el freno Mundial.
También era natural, el comenzar a escuchar cifras que por lo grandes parecían exageradas, y me atrevo a decir “natural” porque en tierra donde siempre todo es “lo más” pues también lo son sus crisis y sus efectos directos: se encontraron la módica suma de 3000 mil vehículos abandonados entre los meses de Octubre y Diciembre (2008) por varias partes de la ciudad, pero en su mayoría en los parkings del aeropuerto, todos con las llaves pegadas y con un letrero que ponía: “…I´m Sorry…”, vehículos que adquirieron personas que sintieron la misma tranquilidad de verse trabajando para una economía sólida e indestructible, pero que tristemente, al caer todo, se quedaron sin con que responder a los bancos por los créditos adquiridos, con lo cual la fácil era dejar el carro por ahí y que luego el banco, a través de la policía lo recuperara. Igual suerte corría la gente que se aventuró a invertir en propiedad raíz y comprar apartamentos sobre planos o con obra iniciada con el ánimo de que al cabo de uno o dos años se vendía el inmueble y éste, para dicho momento ya habría ganado entre un 20% y un 30 % de valor inicial, con lo cual era un “negociazo”. Para lástima de estas personas la cosa resultó ser absolutamente contraria puesto que hoy no hay quien quiera invertir en propiedad raíz y lo que es peor, el mismo susto de la gente que se apresuró a vender generó una sobreoferta que bajó de inmediato los precios un 20% del valor por el cual se adquirió y por el cual ya estaban comprometidos a pagar al menos por 15 años.
Era innegable que la crisis era notoria. Se podía conducir con mayor fluidez, los trancones habían desaparecido, incluso restaurantes del popular “almuerzo ejecutivo” donde antes había que hacer fila por las mesas, hoy en día podías elegir la que mas te gustara. Se hablaba también de que el ministerio del interior y su departamento de inmigración estaban colapsados por la cancelación de 1000 visas de trabajo al día (a mi me parece exagerado, pero era lo que se decía), se comentaba que las empresas constructoras más sólidas estaban despidiendo a sus altos ejecutivos por ser el personal mas costoso, así como en otras se despedía gente en masa: unos 500 empleados de un solo tajo, se dice que en total en Dubai se frenaron 1500 proyectos de construcción con todo lo que sabemos que ello acarrea, que para no ir más lejos, yo soy uno más de los tantos que ha tenido que desplazarse a otros rumbos, claro que no todos contamos con la suerte de seguir en la misma compañía y que esta a su vez nos ofrezca sitio en otra parte.
Finalmente yo siento que todos estos momentos económicos son cíclicos, y que son necesarios para que el mundo se re-invente o se re-defina porque ya ha agotado recursos y métodos que no dan más y que necesitan una revisión para seguir moviéndose, el problema es que estas evaluaciones así como ocurre con nuestra vida, no se dan a menudo de manera natural, sino que se presentan momentos de choque que nos obligan a reaccionar. No niego que las primeras reacciones sean traumatismos e incertidumbres, pero luego vendrán otras más positivas. Así mismo, siento que estos momentos también tienen un final y que muchas de las cosas que hoy se ven como críticas e irreversibles, mañana serán ganancias para todos.


Desde un nuevo lugar…..Riyadh, Saudi Arabia. Hasta una próxima ocasión.

11.16.2008

Comunicado # 12. ¡Jambo!: Desde El corazón de África.


Hola a todos. A estas alturas, ya estoy por creer eso de que “Los años no llegan solos” y cada vez estoy más convencido de que una vez más la sabiduría popular le ha atinado a la vida con este dicho. Meses atrás, no se si motivado o impulsado por la crisis pre-30’s, me dio por comenzar a pensar en que los treinta años los quería cumplir en un sitio apartado, sin mucha pompa y sin mucha fiesta, no era un sentimiento caprichoso sino algo que sentía que simbólicamente me debía pasar, …el motivo? No lo sé, pero intuyo que como expresaba un poco atrás, es una chochera de treintón y bueh…! que le vamos a hacer, se empieza a volver uno caprichoso. El caso es que la insistencia fue tal, y si a eso le sumamos la alineación planetaria, que terminé pasando unos maravillosos días en un país africano cuya riqueza de gentes, faunas y paisajes me hacen decir ahora: ¡Que dicha volver a Kenya!.
Empecemos pues conque este viaje tuvo dos momentos quizá con el mismo grado de emoción y sensibilidad que da el compartir con gente que de corazón está ahí contigo, pero también tengo claro que ambos momentos fueron lo suficientemente fuertes e independientes en contenidos como para que cada uno tenga aquí su espacio. El primero de ellos fue el que le dedicamos al safari en la reserva nacional de Masai Mara que está localizada al sureste de Kenya en la región del Serengueti cerca de la frontera con Tanzania. Para llegar allí, fueron necesarias cinco horas de viaje desde Nairobi durante las cuales el deleite por los cambios en el paisaje te hacía más soportable la brincadera del carro a causa del mal estado de la carretera. Poco antes de llegar a lo que sería nuestro hogar por los tres días que pasaríamos allí, ya se comenzaban a ver en las inmediaciones del área, pobladores de la tribu Masai quienes son los custodios del Parque. Finalmente cuando llegamos al campamento, nos presentan a Florence, la cocinera encargada de nuestra alimentación y luego, nos conducen a la carpa donde pasaríamos las noches de Safari. El sitio era bastante austero pero tenía todas las comodidades: en la carpa había un par de camas, afuera había duchas con calentador de leña y un buen comedor comunal que era el punto de encuentro de todo el mundo durante las noches. Una vez acomodados, le dimos paso a la primera tarde de safari. Fue entonces como emprendimos camino a unos de los lugares más alucinantes que he visitado. Fue solo atravesar la puerta del parque cuando ya nos recibían gacelas, venados, manadas de búfalos cebras, hienas y una jirafa que casi mete su cabeza al carro para saludarnos. El horizonte dibujaba diferentes paisajes 360° a la redonda, mirabas a un lado y podías encontrar bloques de lluvias en la lejanía, luego cambiabas de sentido y lo que tenías entonces era un atardecer hermoso que apenas y dejaba ver silueteadas las acacias en negro para darle un poco mas de drama al espectáculo, luego otra vuelta más y lo que tenías era la unión de montaña y cielos como de cuadro renacentista. Es cierto que no había caminos definidos a seguir, el recorrido era más aleatorio que cualquier otra cosa, era solo eso, se trataba de seguir la intuición a ver que nos regalaba la naturaleza durante ese recorrido, que por ser aleatorio, será recordado como único. Tengo que confesar que llegó un momento es que tuvimos que dejar de tomar fotos, sentimos que lo que mejor se podía hacer era entregarse a contemplar la inmensidad que allí se nos ofrecía. Luego regresamos al campamento a disfrutar de la paz que solo en lugares como este se pueden tener.
Al día siguiente, partimos de nuevo hacia la reserva, esta vez acompañados de otros carros que también se aventuraban aleatoriamente a encontrar animales a su paso. Cada tanto cambiábamos el rumbo debido a un llamado por radio desde otro carro para decirnos que había un león, o un guepardo, o elefantes en tal área, que entre otras cosas no deja de ser alucinante el ver a estos animales en su hábitat natural. Este día tuvimos más suerte y vimos hipopótamos, leonas, búfalos, órix, micos, zorros, jabalíes solitarios, jirafas en manadas, kudus, gacelas, diferentes antílopes, dik – diks y dos escenas que me impactaron muchísimo: una fue la migración de cebras desde tanzania, porque de repente estuvimos inmersos entre miles y miles de ellas, era muy surrealista estar invadiendo ese espacio donde todos lo que se veía tenía rayas blancas y negras. Y la segunda escena fue que estuvimos por unos 20 minutos en el borde alto de un río viendo como se juntaban en una orilla cientos de Blue wildebeest que son una especie como de toros delgados. Una vez estuvo la manada completa se arrojaron en estampida hacia el río para cruzarlo los más rápido y ágilmente posible para no ser devorados por los cocodrilos. Toda una escena digna de documental de NatGeo o Animal Planet solo que en vivo y en directo. Finalmente al caer la tarde regresamos al campamento cargados de buena energía por todo lo allí visto.
Al tercer día luego de una corta visita a una aldea Masai donde no tuvimos una muy buena experiencia debido a los deseos de marketing de aquellos aldeanos, emprendimos el viaje de regreso a Nairobi donde en las horas de la noche nos esperaba una muy buena cena de cumpleaños en el Carnivore, que es un restaurante de carnes tipo rodizio con el valor agregado de que cada noche tienen alguna carne exótica diferente para degustar, esta vez nos deleitaron con cocodrilo y avestruz. Delicioso, muy recomendado.
Con este buen momento queda cerrado el primer capítulo del que les hablaba al principio y le doy paso a la segunda parte que fue ir a compartir unos días en una comunidad Samburu al norte de Kenya invitado por una amiga que estuvo hace casi dos años allí haciendo parte de una misión humanitaria. En confesión tengo que contarles que nada más alejado de una experiencia turística que esto, de todas maneras ya me lo habían advertido así que emprendí el largo viaje sin ningún tipo de prevención. El viaje de solo 260 km aproximadamente comenzó a eso de las 8:30 am. en Nairobi y finalizó en Barsaloi a eso de la 1:30 am. del día siguiente, me imagino que la pregunta es ¿Porqué se tarda uno 17 horas en llegar si tan solo son 260 kms? Y para entenderlo habrá que poner varias cosas en contexto: lo primero es que la misión humanitaria que hay en Barsaloi esta manejada por los Misioneros de Yarumal que tienen su sede en Medellín. Estas personas, dadas las difíciles condiciones de accesibilidad al lugar, solo salen cada 3 meses a Nairobi, con lo cual cada viaje es toda una procesión, puesto que deben abastecerse de comida y gasolina para dicho tiempo, entonces parte del camino es mercando donde sea más económico, llenado tanques de gasolina de reserva, recogiendo el correo, comprando remedios, etc. Y el resto del tiempo se va en que no hay carretera en ciertos tramos, con lo cual los carros tiene que montarse literalmente por piedras y bajarlas con sumo cuidado para no voltearse, además habrá que sumarle que dichas piedras están al borde de un barranco; hay que atravesar ríos, hay que contar con que alguno de los carros se quede atascado en algún lodazal al menos dos veces durante el recorrido y que sacarlo tarde casi una hora. En fin, apenas comprensible el tiempo que tardamos con estos magos del volante, porque de verdad hay que tenerlas muy bien puestas para atreverse a conducir por esas trochas.
Una vez en Barsaloi e instalados en la casa de la misión, nos dispusimos a la tarea de compartir y conocer de la cultura Samburu y créanme que son bastantes las cosas que causan sorpresa por el choque cultural, a veces te parece mentira que aun por estos tiempos existan tales costumbres en el mundo. Para explicarlo, les haré una descripción breve: los Samburus son una tribu semi-nómada que vive prácticamente de la actividad pastoril, su alimentación no está regida por espacios temporales como la nuestra y básicamente se alimentan de Chai que es un te hecho en leche, algunas pocas veces comen algo de granos cuando la situación se los permite y otras menos frecuentes comen carne porque hay algún agasajo especial como un matrimonio, o una ceremonia de circuncisión. Es una cultura en donde la mujer es el gran bastión del hogar, puesto que es la que hace todo: cuida el ganado, recoge leña, camina kilómetros para buscar agua, cuida los niños, cocina, en fin, todo es todo. Los hombres se dedican a la defensa de la tribu y a la toma de decisiones cuando ya su edad les permite el título de sabios.
Por su poco contacto con la civilización (algunos ni siquiera han visitado nunca Nairobi, y muchos otros no hablan el Swahili que es la lengua nacional), los Samburus aun siguen conservando rituales que hace muchísimo tiempo han sido abolidos de otras culturas como la circuncisión para ambos sexos, cosa que para el caso de la mujer es una situación atroz, pero ellos lo tienen asumido como una cuestión de honor y se debe practicar en la noche previa al matrimonio, sellando con este ritual su paso de niña a mujer (aunque a veces se casen de 13 o 14 años), esta ceremonia significa mucho para ellos, porque quien no se lo practique estará condenado a ser niña durante toda la vida y a no poderse casar nunca.
Otra de las cosas que están ligadas al matrimonio es el pago de la dote a la familia de la mujer, normalmente su valor está tazado en camellos, chivos, vacas y algunos cuantos chelines, todo dependiendo del prestigio que tenga la familia de la mujer dentro de la tribu. Valga decir que como en todas las culturas, nadie quiere casarse mal casado y aquí si se ha generado un problema que a mi modo de ver es de corte mayor. Resulta que como estas tribus son bastante pobres, el acceso a las buenas mujeres (las prestigiosas) se hace muy difícil puesto que ni los muchachos guerreros ni sus familias tienen con que pagar las altas dotes que se piden por ellas, pues estos jóvenes se han dado cuenta que se pueden ir a prostituir generalmente a Mombasa que es un destino turístico playero muy apetecido por mujeres Europeas que van allí en busca de aventuras exóticas, y que mejor para ellas que un Samburu de estos que tienen cuerpo de modelos, no por elección, sino por su mala alimentación. Así han aprendido a ganar dinero “fácil” pensando en que algún día regresarán a Barsaloi con el dinero suficiente para tener una buena mujer. Pero la verdad lo único que ha dejado este negocio es una lamentable gran epidemia de Sida que ya se sale de cualquier control. Si esto solo se quedara en Mombasa vaya y pase, pero estos al cabo del tiempo terminan por regresar contagiando a sus mujeres y a toda su descendencia. Algo de estas cosas que aquí les cuento lo pudieron ver ustedes en la película La Princesa Masai, si no la han visto, se las recomiendo, fue una historia real que ocurrió en Barsaloi, así sus habitantes no tengan muy buen recuerdo de esta experiencia.
Este relato ya se va tornando muy largo y siento que me quedan mil cosas por contar: el como viven en sus manyattas (Vivienda tradicional), como son sus atuendos, la experiencia de montar en matatu (buses típicos), el gran trabajo que hace la iglesia a través de los Padres misioneros, donde ves que la vocación y el compromiso si existen, las guerras territoriales y de poderío contra la tribu Turkana, contar un poco de Nairobi y sus cotidianas Jambo (Hola) y Hakuna Matata (No hay problema) ; pero ya será en otra oportunidad que se los cuente, por ahora lo único que queda es inquietud y un poco de sinsabor de saber que tribus como esta hay por montones en este continente y que triste es entender que no cuentan para nada en ningún asunto ni económico ni político de sus países, son simplemente unas grandes y hospitalarias personas que no tienen otra preocupación que su vida en comunidad.


Hasta una próxima ocasión.

9.22.2008

Comunicado # 11. Sacando Licencias: El Status legal.


Hola a todos. Esta vez me gustaría comenzar con la frase de un buen amigo que cada que se indigna con alguna situación legal me dice: “¡Eh! ¡La democracia si es muy linda parcero!" Y aunque parezca una frase ligera, la verdad es que tiene una gran profundidad cuando has vivido en Dubai por una buena temporada. Si ponemos la situación en contexto, son pocas las cosas que se pueden hacer aquí cuando no se tiene el status de legalidad requerido por el país y es peor aun cuando vas descubriendo que cada cosa está enlazada con la otra y que además ves que no tiene otro fondo que recaudar más dinero para las arcas de nuestro amigo el Sheikh y su país “Libre de impuestos”.
Así pues que vale la pena regresar un poco en el tiempo para entender como funciona todo esto. Al principio era el rollo de la visa de residente que no si no la tenías entonces todo estaba cerrado para ti, no podías abrir cuenta en el banco, no podías acceder a otras visas, etc. Luego viene el cuento que como ya tienes visa de residente entonces ya no puedes conducir ningún carro ni propio ni rentado si no tienes licencia de conducción emiratí y es aquí donde comienza cristo a padecer, porque uno piensa: ¡Ah pues se saca!, ¿que más da?, pero cuando te decides a comenzar el proceso pues te das cuenta que lo primero será tomar unas 20 clases con un instructor que entre otras cosas es un Capitán condecorado de la sociedad secreta, pero que para la primera clase debes esperar la módica suma de dos mesesitos no mas porque hay mucha gente en fila y no hay mas cupos. Situación que trae consigo la primera desazón, porque dices: “¿Cómo voy a conducir entonces si no se puede con la licencia internacional porque ya tengo visa de residente?" A lo que el muy amable sargentillo de La S.S te dice: “No se preocupe, es que no lo puede hacer, no ve que si lo para la policía lo multa y si ha cometido alguna infracción lo deportan” con lo cual la única alternativa que te deja una ciudad donde el trasporte público es casi nulo, es aventurarte a seguir los caminos de la ilegalidad y seguir conduciendo a la buena de Dios, y rogando para que no te paren nunca.
Pasado los invictos y suertudos dos meses durante los cuales lograste evadir la policía, comienza la segunda desazón: te llama al celular el instructor para comenzar las clases, y una vez adentro de carro de enseñanza que viene aromatizado con los “finos” hedores propios del instructor, no tienes otra sensación más que la de sentirte otra vez un “buñuelo” porque el tipo te dice: “Oiga, vea! Ponga la direccional…. Pare!...Espere aquí!..Vea no se vaya a salir ahí!" Etc. Te pone la mano en el timón, te hace hacer los giros en U como nunca se hacen en la realidad, en fin, todo un sinnúmero de cosas que lo que hacen es dañarte el día.
A la siguiente clase viene la tercera desazón: El momento de la revelación – crónica de una muerte anunciada – El instructor te dice: “Hombre, se ve que usted sabe conducir, pero usted sabe que esto es un negocio y le tenemos que hacer tomar estas clases a la gente, es más, le advierto de una vez que el día que las autoridades competentes le hagan el examen final para obtener la licencia lo van a reprobar, porque la idea es que la gente tenga que coger mas clases y volver a pagar por ellas y por presentar de nuevo el examen. De verdad que lo siento mucho pero así funciona.” Entonces uno se indigna y bueh…! No puedes evitar que se te salga el Colombiano y le hagas la propuesta al tipo y le digas; “Pues hombre si se trata de dinero y usted ya sabe que todos los días yo vengo conduciendo para llegar a su clase, porque no mas bien yo le firmo toda esa planilla y decimos que ya vimos todas las clases y programemos de una vez el examen final” con lo cual el tipo te da una cátedra sobre la ética y la honestidad pero acaba por decirte que listo, que a el también le conviene y te firma.
Con esto podemos dar paso a la cuarta desazón: antes del examen final debes pagar por un examen interno en la escuela de conducción que a propósito es una farsa porque te subes al carro y el tipo a las dos cuadras te dice que pares que ya pasaste y como si fuera poco darte cuenta que además este requisito no está incluido en lo 500 mil pesitos que ya has pagado por las clases. Y el otro, es el examen de señales de transito en el computador de la escuela, que digamos de paso es la quinta desazón, puesto que para presentarlo debes acudir a un salón gigante que huele asqueroso, donde el concepto de la fila es inexistente y donde la cultura del roce corporal es la primera condición. Allí debes de pelear a codo limpio para poder tener un lugar en uno de tres únicos computadores que hay para dicho fin. Después de tener este par de requisitos te dicen que con suerte en un mes, debido a la congestión, puedes estar presentando tu examen final. Situación que te deja de nuevo en las inmediaciones de la ilegalidad durante el mes de espera para el famoso examen.
Una vez transcurrido el nuevamente suertudo mes, llega el día del examen final y con él la sexta desazón: estar desde las 7 de la mañana alistando los codos para entrar al ataque por lograr llegar a la única ventana donde reciben el permiso para presentar el examen. No lo pueden imaginar, esto es una lucha cuerpo a cuerpo con la horda despiadada de pakistanís, indios y filipinos que cada uno tiene brazos como un pulpo, con uno te empujan con el otro te codean, con el otro entregan el permiso, con el otro hablan por celular, y mientras tanto uno trata de respirar apuntando la cabeza hacia el techo tratando de encontrar alguno asomo de aire fresco que no sea ese olor a sudor con especias o como decía otro amigo: ese olor a media, a calcetín, que es el que impera en ese sitio. La verdad es que esta experiencia no es nada agradable si además tienes en mente las palabras iniciales del instructor: “acuérdese que lo van a reprobar, porque esto es un negocio” y yo de solo imaginar que me iba a tocar repetir toda una mañana en aquel recinto de espera, ya me estaba mentalizando para permanecer en la ilegalidad por el resto de tiempo de esta experiencia.
Finalmente a las 12:30 pm. Me tocó el famoso examen donde el policía que me evaluaba me dijo:” ¿Cuanto tiempo lleva conduciendo?” a lo que le respondí: “Cerca de 8 años” no había transcurrido ni dos cuadras y el fulano este me dice: “!Pare el carro aquí! ¡Ya pasó! Se le nota que lleva mucho tiempo manejando”, Afortunadamente no me reprobaron y pude obtener la licencia después de cinco meses de haber llenado el formulario para comenzar el proceso. Lo que da un poco de tristeza es ver que allí hay gente que lleva presentando el examen por mas de 9 veces y aun no consigue pasar y por ello se le dificulta muchísimo el abrir otras puertas en esta ciudad, que dicho sea de paso: si no tienes vehículo en que movilizarte estás inevitablemente anulado en el contexto.
Como ven, obtener un Status legal dentro de una monarquía no es una cosa de soplar y hacer botellas, cuesta tiempo, dinero y angustias, más aún cuando provienes de un país donde solo le pagas a un tipo y el hombre regresa al otro día con tu licencia. Pero también tengo que decirles que el “fresquito” que se siente una vez tienes todo en orden no tiene precio.
Hasta una próxima ocasión.