8.26.2010

Comunicado # 21. Volando en Medio Oriente. ¡..Lidiando con la cultura..!


Hola a todos. Una de las prácticas más habituales en Medio Oriente es el tener que volar a menudo bien sea por motivos laborales, o bien, por las recurrentes (..y por que no decir necesarias) escapadas de viajes cortos que nos permiten respirar aires diferentes al usual polvo amarillento que vive posado sobre esta región.
A diferencia de Colombia, donde los precios de los billetes de avión nunca son baratos, aquí el transporte aéreo es el más usado precisamente por la facilidad de encontrar precios cómodos al bolsillo y una amplia oferta de aerolíneas.
Lo que nadie nunca imaginaría es que una región en la que abundan los recursos económicos tenga también uno de los paisajes urbanos más desagradables en los que se pueda estar: sus aeropuertos. Estas infraestructuras, que en la mayoría de los casos son la cara amable y sobre todo la que da bienvenida y por ende la primera impresión de un país, aquí lastimosamente son espacios que dan bastante grima y desazón por todo lo que en ellas se aprecia. Ni siquiera lo fastuoso y contemporáneo de diseños como las terminales aéreas de Dubai, Abu Dhabi o Jeddah alcanzan a disipar la cara de asombro del desprevenido visitante que llega por primera vez a la región o bien el veloz e inconforme paso de quienes ya llevamos un buen tiempo por estos parajes.
Contextualizando un poco, es bueno exponer que los aeropuertos de Medio Oriente son las ferias del racismo por excelencia. En ellos se da la construcción de una de las imágenes que más queda fijada en el imaginario colectivo de todos lo que han pasado alguna vez por ellos, y es la de ver cientos de pakistaníes, indios, nepalíes, etc., ocupando los corredores a modo de camas y salas de espera, porque prefieren dar el paso al sitio donde las miradas despectivas no se reciban directamente y sean cambiadas por la indiferencia con la que pasan los viajeros del resto del mundo que circulan por el poco espacio que queda disponible en los corredores. Yo diría entonces, que es lo más parecido a un campo de refugiados a la espera de ayuda humanitaria. La imagen es muy deprimente puesto que esta gente debido a la pobreza de sus países usualmente no llevan maletas para su equipaje de mano sino bolsas de supermercado, o lo que es peor, sábanas amarradas con cuerdas a modo de tula. Y eso por no mencionar que en la mayoría de los casos cuando se está haciendo la fila para el Check-in siempre hay un policía o un empleado de la aerolínea separando y clasificando la gente en filas diferentes. Es un procedimiento que se hace al ojo, pero es casi evidente que separan a quienes van bien vestidos y con maletas de un lado (normalmente a la fila de que se mueve rápido y con buena atención) y otra fila en la que se atiende a ese resto que con razones de sobra mira con desidia y desaliento el como se les atiende de malagana y en ocasiones con gritos que les recuerden su origen pobre y la condición de inferioridad que se han inventado para ellos en los países árabes. Así mismo sucede (particularmente aquí en Riyadh) en las filas de inmigración para entrar al país, donde uno pasa en diez minutos el proceso y deja atrás las filas de aquellos que bien pudieron haber llegado horas atrás, pero por el simple hecho de recordarles la diferencia, los dejan ahí sin atenderles y sin que les importe mucho. Por eso cuando vas las bandas a recoger tu equipaje, debes sortear los pasos entre las muchas cajas y guacales que hacen las veces de maletas y que seguro están ahí desde hace horas.
Para quien llega por primera vez no deja de ser una sorpresa negativa lo que hasta ese momento ha visto, y no menos lo será esa primera e inolvidable imagen de cuando se sale a ese espacio donde se espera con carteles a los viajeros y lo que se encuentra es una cantidad de gente con túnicas, mal olor y mirada triste. Algunos de ellos sentados en el suelo, otros tantos con los pies descalzos montados en las sillas de espera y el resto con ese particular "agachado" que asumen cuando quieren descansar. Los tres segundos que dura ese impacto son suficientes para alcanzar a preguntarse: "¡Ay juepu..a!, ¿Qué diablos estoy haciendo aquí?". Pero bueno, ya eso es harina de otro costal.
Es también común sentir un ambiente de zozobra y silencio sobretodo en las terminales aéreas de Arabia Saudita (Riyadh, Dammam y Jeddah), donde los policías de aduana son mala clases, donde son muy pocos los sitios en los que se puede compartir un café, donde no hay comercio en el que distraerse mientras se espera, salvo un pobre kiosco donde venden dátiles, cigarrillos y poco más, y donde además, si miras alrededor, la mitad de la población son mujeres vestidas de negro y tapadas hasta la médula, es como si estuvieses en medio de una convención de Batman jubilados. Y eso sin contar que aquí los corredores son usados en su mayoría como mezquitas improvisadas y es habitual ver cantidad de hombres haciendo gala de su fervor islámico, incluso tienen un buen número de ejemplares del Corán en pequeños atriles en el suelo. Es, en definitiva, un aeropuerto donde priman la monotonía y las ganas de salir pronto de ahí.
La situación no cambia mucho si abordas alguna de las aerolíneas de bajo coste del Golfo Pérsico (Saudi Airlines, Gulf Air, Nas, Sama, Egypt Air, Air Arabia, etc.) pues las azafatas también son bastante conservadoras en atuendo y son de pocas palabras. Todas las pantallas del avión señalan indefectiblemente la Meca y como se va rotando la posición con respecto a ella según la ruta que sigue el avión. Esto se debe por supuesto a que si durante el vuelo los coge la hora del rezo, pues deben tirarse ahí en el corredor a rezar y saber con certeza hacia donde dirigir la oración, como me ha tocado verlos varias veces. Hay algunas aerolíneas como Saudi Airlines que tienen aviones con los últimos 16 puestos de la galería central cancelados para dar lugar a un pequeño salón de rezo que hace las veces de mezquita a bordo.
Una vez que estás dentro del avión con la certeza de que desde antes ya te han asignado un puesto que nunca estará al lado de una mujer (a no ser que sea la tuya propia), es cuando empiezas a corroborar la falta de cultura tan tremenda de esta gente que se cree dueña del mundo. Las azafatas pasan muchas veces por los puestos repitiendo: "Señor por favor, sea tan amable de abrochar su cinturón de seguridad, miré que ya es la cuarta vez que se lo recuerdo" Pero muchas veces no se logra dicho cometido y la azafata termina también haciéndose la de la vista gorda y se quedan como pensando: "¡Ah! Listo pues gran güe..n, entonces que te coma el tigre, ¡porque lo que soy yo, no insisto más!". No las culpo, pues a veces reciben agresivas respuestas que descolocarían a cualquiera: "¿Cuál seguridad? La seguridad no depende de un cinturón sino de la voluntad de Dios si Dios quiere que yo me muera que así sea, pero usted no me va a obligar a usar ese cinturón", y bueno, pues exactamente lo mismo con el uso del celular.
Luego de estas escenas previas, el avión comienza su lento recorrido por la pista mientras el capitán anuncia que pondrá la oración del profeta para los viajes, y acto seguido comienza un sonido gutural aterrador que muchos rezan al unísono y que al menos a mi, me causa una especie de miedo porque suena a algo apocalíptico y siempre miro de manera automática hacia atrás a ver si no viene un loco a inmolarse en medio del avión. Por fortuna, esto solo dura unos cinco minutos y finalmente el avión emprende vuelo.
Una vez alcanzada la altura que autoriza el zafarse del cinturón de seguridad y también el paso del servicio a bordo. Empiezan a repartir el menú que curiosamente siempre es el mismo: "Chicken kabsa" que es una especie de arroz con pollo y especias, o bien, el nunca bien ponderado "Lamb" que no es otra cosa que el popular cordero.
Que no varíen el menú no es tan desalentador como el verlos comer. Si tienes suerte y te toca un occidental de vecino puedes darte por bien servido porque no verás como a tu lado hacen bolas de arroz con la mano y se las llevan directamente a la boca a velocidades alucinantes y sin siquiera desempacar la bolsita de los cubiertos. Confieso que muchas veces se me ha cerrado el apetito al ver tamaña escena primitiva. Pero bueno, supongo que ellos también nos verán raros y complicados al usar utensilios para comer diferentes a la mano.
Otro de los detalles incómodos es ver lo nerviosos que se ponen cuando ocurren las frecuentes turbulencias que se sienten como un segundo de vacío dentro del avión y que son totalmente normales. Cuando esto pasa, esta gente saca de los bolsillos la Misbaha que como alguna vez les explicaba, es algo más o menos equivalente a la camándula con el que las señoras cristianas cuentan los "mil Jesuses". Se ponen entonces a rezar de manera fervorosa esas guturales y entreveradas oraciones que no hacen sino transmitirte un miedo que antes no te daba y que acaba por perturbarte la concentración de la lectura o lo que es peor, espantarte el sueño.
En fin, a veces es como paradójico eso de tener infraestructuras físicas potentes y modernas pero llenas de espectáculos circenses en su interior. No digo yo que seamos en Suramérica la mata de la civilización, pero casi prefiero estar de vecino de viaje de ese señor que aplaude cuando el avión aterriza en Rionegro y que mientras bota lagrima grita sin ninguna pena: "!Que viva Medallo y Sabaneta Jijueputa…!" porque este personaje al contrario de transmitirme miedo, seguro me saca una sonrisa.





Hasta una próxima ocasión.

6.26.2010

Comunicado # 20. Historias de la calle. ¡..Y otros cuentos inverosímiles..!

Hola a todos. Un par de meses atrás, atendiendo la tradicional invitación árabe de tomar el té mientras esperas a que llegue la persona con la que necesitas reunirte, me encontraba en una de las oficinas temporales de obra conversando con algunos ingenieros Jordanos quienes llevan alrededor de dieciocho años viviendo en Riyadh. Durante el fluir de la charla, uno de ellos me preguntaba con cara de incertidumbre que si estaba de mal humor, que se me veía molesto, a lo cual respondí que si, que efectivamente estaba en lo cierto, le conté que tan solo diez minutos atrás, camino hacia donde nos encontrábamos en ese momento, algún Saudí salvaje me había atravesado su carro casi al punto de chocarme y lo peor era que casi ni se había dado por enterado, puesto que el periódico que venía leyendo mientras conducía lo tenía totalmente enajenado de la realidad. En ese momento todos estallaron de risa y me dijeron que comprendiera a los Saudíes, que no la habían tenido para nada fácil al bajarse de los camellos a los Ferraris y que si esas cosas me sorprendían que pusiera atención a lo que me iban a contar porque seguro me iba a quedar con la boca abierta. Acto seguido empezaron a soltar una sarta de historias en exceso cómicas casi al punto de lo increíble, pero que aquí ya han hecho carrera de mito urbano y hoy en día la gente las tiene asumidas como certeras.
Me gustaría, antes de comenzar a contarles las famosas historias, hacer un paralelo que a mi juicio vendría bien para entender un poco bajo el esquema de "similitud comparativa" algunos de los excesos y las ignorancias de esta sociedad Saudí: mientras todos reíamos con las historias que relataban los jordanos, no podía dejar pensar que lo que ocurrió en Arabia Saudí treinta años atrás fue exactamente los que le ocurrió (…y casi realmente en forma paralela) a los "Beverly Ricos", esa familia campesina de la televisión ochentera que se hizo rica de la noche a la mañana cuando encontraron petróleo en su finca y se trasladaron a vivir a "Beverly Hills" el para entonces más prestigioso barrio de Los Ángeles, California. Recuerdo que la serie se burlaba de todos los improperios que cometían aquellos nuevos ricos producto del físico desconocimiento de la ciudad y sus comodidades y de una sin igual falta de clase muy propia de aquella tribu urbana que en Medellín conocemos como "caranga resucitada".
Pues bien, una vez hecho el paralelo y entendiendo que mas o menos igual se comportan los saudíes, procedo a contarles las historias.
Me decían entonces los jordanos que cuando los gringos llegaron a Arabia como consecuencia de las primeras explotaciones petroleras, traían consigo un lujoso Rolls Royce de la época como regalo para el Rey en agradecimiento por los favores recibidos y que una vez le hicieron entrega del cumplido, salieron todos sus trabajadores con grandes bidones de agua para que bebiera el animal, ¡je,je,je! Nunca habían visto un carro en su vida.
Pocos años más tarde, cuando los carros comerciales fueron ya una realidad y la gente comenzó a adquirirlos ¡Oh sorpresa! De ver que cada que llegaban a su casa o a cualquier tienda amarraban el carro a un palo, palmera o a lo que pudiesen para que no se les fuera a volar. Como si el vehículo tuviera vida y voluntad propia. Aun tenían la cabeza en el "chip" del camello. Yo no se ustedes, pero yo escuchaba estas historias callejeras y me partía de risa, al mismo tiempo que les increpaba a los jordanos que eso no podía ser verdad y ellos se defendían diciéndome que era en serio, que hoy en día lo que yo juzgaba como "incivilizado" no era nada comparado con lo que sucedía veinte años atrás.
Al igual que con el asunto de los carros, con la bonanza petrolera también comenzaron a llegar al país las marcas mundiales que ven oportunidades donde sospechan prosperidad y desarrollo. Fue entonces cuando llegó el primer Mc. Donalds y con ello la dificultad de la gente para entender que los menús que allí se ofrecían tenían precio fijos. Llegaban a la caja a decir: "Oiga, quiero el menú tal y tal pero tengo tanto en el bolsillo… ¿En cuánto me lo deja?", es decir que estos conchudos llegaban a pedir rebaja en el Mc. Donalds como si la insigne marca del payaso se los fuese a conceder de verdad.
No mejor suerte corrió la prestigiosa marca de carros Porsche quien al cabo de un par de años de haber ingresado al país redujo considerablemente su reputación y en consecuencia sus ventas debido a que muchos de los que compraron los afamados carros sufrieron accidentes mortales en ellos. Lo que les llevó a concluir que la marca era muy peligrosa, pero nunca aceptando que no sabían conducir apropiadamente (incluso hoy en día siguen sin reconocerlo) y que su poca pericia conduciendo se limitaba solo al camello.
Tampoco ha dejado de sorprenderme y muchos menos de darme risa lo que ponía hace unos meses la prensa saudí para dar cuenta de la explicación de los desastres ocurridos en Riyadh a causa del fuerte temporal de lluvias ocurrido en Febrero. Resulta que el Rey envió una comisión de desastres a evaluar el porqué de las inundaciones, argumentar todas sus causas y así tomar las precauciones necesarias para otra próxima eventualidad. Pues la conclusión de la comisión de expertos fue nada más y nada menos que todo había sido un castigo de Dios, que no había otra causa y que tampoco había más que hacer que seguir contribuyendo con la causa islámica, para seguir velando por la fe, puesto que todo esto estaba ocurriendo porque hoy en día había más infieles. Días después si contrataron una segunda comisión que de verdad determinó que el problema es que cualquier ciudad sin alcantarillado padece inundaciones en los temporales de lluvia.
Como ven, no todo lo que ocurre por aquí es sórdido y oscuro, también hay abundancia de materia prima de primera calidad para hacer guiones de series inverosímiles, pero que de seguro nos sacarían carcajadas a montones. Habrá que ponerse en la tarea, puesto que con lo ñoña que es esta cultura, no creo que tengan siquiera la capacidad de burlarse de si mismos.


Hasta una próxima ocasión.

4.02.2010

Comunicado # 19. De ocio por Riyadh. ¡..Y demás posibilidades de coger todos los vicios..!


Hola a todos. Encerrado en el carro, cuando el tablero electrónico marca las 6:03 p.m., y suena de fondo el track número 6 de algún CD de Jack Johnson y mientras espero en el parqueadero exterior de uno de los aburridos centros comerciales de Riyadh a que pasen los 25 interminables minutos del rezo de las 6:00 p.m. pienso en lo que tiempo atrás les contaba que considerábamos como restrictivo en términos de ocio en Dubai, y que paradójicamente, ahora, dadas las condiciones restrictivas de Riyadh, aquello mismo, podríamos considerarlo el Paraíso.
Para poner un poco las cosas en contexto, me permitiré refrescarles lo que ya algunas otras veces les he mencionado sobre las penurias que constantemente pasamos por vivir en el mundo musulmán, pero que hoy son el pan de cada día por habitar en la más restrictiva de las ciudades practicantes de dicha religión. Aquí, la religión tiene prácticamente todo prohibido, cualquier cosa del mundo que nosotros consideramos "normal" es vista como algo que puede atentar contra la moral y las buenas costumbres del Islam, y es por esto que en Riyadh no hay discotecas, ni bares, ni cines, ni teatros, lo centros comerciales los fines de semana están disponibles solo para familias, lo cual nos excluye a los que somos solteros evitándonos la entrada con un guarda que nos detiene en la puerta; tampoco hay libertad de salir entre solteros de distinto género, los noviazgos no existen (al menos en el terreno visto y legal); el Internet por supuesto es restringido y ni siquiera a SoHo se puede acceder; las mujeres no pueden trabajar ni conducir; el consumo de alcohol es prácticamente impensable (de nuevo, al menos en el terreno visto y legal) y ni siquiera existen las pruebas de alcoholemia en los retenes porque se supone que el licor es inexistente. Solo hay dos emisoras y además son en árabe: en una se transmite el Corán todo el día y en la otra solo noticias; en algunos sitios de la ciudad se puede "piratear" una emisora con musiquita en inglés que viene de algún Compound privado, pero nada del otro mundo. Tampoco hay música en ningún sitio y esto si que es raro y molesto, porque cuando vas a un restaurante o a un café, al haber dicha ausencia de música, el sonido de cubiertos, vajillas y voces vecinas es ultra presente. Y bueno, la verdad es que podría seguir con una interminable lista de prohibiciones y cosas absurdas, pero ya a estas alturas todos se deben estar preguntando ¿Cómo diablos hacemos para sortear la vida en este desierto sin caer presos de la rotunda aburrición?, para ser transparentes, debo decir que es común que todos caigamos eventualmente en este estado, pero también, la situación misma hace que la gente sea creativa y genere espacios de esparcimiento de manera habitual. Por eso no es gratuito que Riyadh sea (al menos en mi opinión) la ciudad del mundo con menor capacidad a la espontaneidad de algún plan, aquí uno está agendado al menos con 15 días de anticipación. Es muy curioso como a uno lo programan con tanto tiempo de antelación para el cumpleaños de fulanito, para la despedida de menganito, para una comida en tal y cual parte, para una ida al desierto, etc. Pero es tanta la restricción de entrada a los Compounds y los planes que la gente arma, que necesariamente hay que saber de antemano con quien se cuenta y con que tiempo se hacen, no vaya a ser que se crucen los eventos.
En Riyadh, uno de los agentes más importantes en la adaptación es el instinto de supervivencia, éste, como buen motor de muchas de nuestras actuaciones en la vida, hace que nos las arreglemos de diferentes maneras para hacer del sórdido contexto lo más parecido a lo que nos hace felices en nuestro sitios de origen, por ejemplo, para nosotros que somos oriundos de un país caribeño, donde prácticamente es impensable una reunión sin un traguito que la amenice, aquí hemos aprendido a hacer vino y cerveza caseros, ya incluso hasta catando para determinar cual es el mejor, o en su defecto, mejorar la receta de las próximas "cosechas". Hay también quienes ya producen Baileys y otra cosa maluquísima llamada "Sadiki" que es algo medio camino entre Vodka y aguardiente, pero que a la larga no es otra cosa que el modelo árabe del embrutecedor y vulgar "tapetuza".
Para el asunto de la música no hemos tenido mayor problema porque aquí el IPod es un artículo de primera necesidad y cada quien carga uno en el bolsillo a todas partes. También es bastante habitual el consumo de otros "Gadgets" tecnológicos como GPS (para no perderse entre los vericuetos de esta ciudad), discos duros para poder almacenar todas las películas bajadas (léase pirateadas) de Internet que intercambiamos a diario, y la gran mayoría tiene en su casa alguna de las famosas consolas Wii, Playstation o X Box.
Paradójicamente, creo que Riyadh, aunque no lo parezca, puede ser un sitio peligroso para coger todos los vicios, aquí, quien llegó sin saber jugar billar, al cabo de pocos meses ya podría tacar con una sola mano, quien no sabía de póker, hoy sería temido en las Vegas, aquí cada uno domina más o menos 6 tipos de juegos de cartas y se mueve con facilidad en ellos, del dominó ni se diga y cuando hay la menor oportunidad de tomarse unos tragos de verdad (es decir, no caseros) hay que tomárselos todos porque no se sabe cuando será la próxima. Debo decir, para que no suene todo a panorama oscuro y terrorífico, que como en todas partes, se consigue de todo y más aun donde todo es prohibido, solo que se consigue a precios tan astronómicos que no merece la pena la inversión, por ejemplo, una botella de whisky en el mercado negro puede salirte en los mismos 800 mil pesitos, que comparado, eso no vale ni en Mango´s en Medellín en zona VIP y con mesero exclusivo.
A menudo hay fiestas, aunque yo personalmente no he podido acostumbrarme a ellas porque carecen mucho de espontaneidad. En su mayoría, se hacen en los salones de recepciones de los Compounds y normalmente tienen un tinte "ñoño" como de fiesta de quince, pero esta vez no actuando del lado de la juventud llena de hormonas por desaforar, sino del lado de los papás que sentados en una mesa, discuten (mientras se atoran del infaltable menú árabe de Hummus, Tabuleh, shawarmas y kebbabs) la primera media hora de lo mierda que es vivir en Arabia y después si, de cómo arreglar la política del mundo. Luego, hay un mundo reservado para unos pocos, donde hay que hacer lobby con mucha gente para que algún día te dejen acceder a los pantagruélicos "after parties" llenos de las actuaciones excesivas que son consecuencia de tener la cabeza en el "switch" de la prohibición. Eso sí, como falles una vez a una invitación de estas, no te vuelven a invitar más porque tu cupo será llenado por algún otro fulano ávido de experiencias que rompan con la monotonía de esta ciudad.
El asunto de los centros comerciales, es algo que ya tampoco me afecta, no tiene sentido ir a un sitio donde solo vas a ver un mar de bultos negros caminando en manadas y donde ni siquiera puedes distinguir (salvo lo que te diga la intuición al detectar maneras de caminar) si lo que hay bajo ese traje de Ninja es una viejita o una mamasita. Y sucede exactamente igual con todo sitio público de "ocio compartido", y más si tenemos en cuenta que todo está dividido en dos espacios que no tienen contacto alguno entre ellos: un lado está reservado para familias y el otro para solteros hombres, lo cual hace perder gran parte de la gracia que tiene el performance de ir a un restaurante y ver la gente, ver pasar los platos, ver quien llega, las pintas, la musiquita, etc., aquí cuando se ingresa a la zona de familias estás encerrado en un cubículo con cortinas o biombos que no te dejan ver las otras mesas (que por supuesto también son cubículos encerrados) y que cada que el mesero llega tiene que medio gritar: "¿Se puede?" y uno lo autoriza desde adentro, y si como cosa rara a alguno de estos agentes de la sociedad secreta se le olvida traer cuchillo, o te trae el jugo que no es, debes tocar un timbre para que este venga a atenderte. ¡Ah!, olvidaba decirles que a zona de familias solo puedes acceder siempre y cuando entre el grupo de amigos que salen a cenar haya al menos un matrimonio. Hay algunos sitios equipados con zonas de comida "abierta" es decir, sin biombos, pero igual solo para familias.
Bueno, de todas maneras yo creo que nosotros los occidentales nos las arreglamos para pasarla bien, y mal que bien, se ha aprendido a ganar tiempo para otras historias que también traen beneficios personales, aquí, como decimos en Medellín, se le ha metido fuertemente el diente al tema gastronómico y hoy en día nos tomamos el tiempo para preparar platos que son lentos y trabajosos, y se ha abandonado esa idea de nevera de soltero en la que solo hay cerveza, media de guaro empezada y dos limones secos, ¡no señor!, aquí uno se cuida y come sano y con tiempo. Incluso hemos institucionalizado desde hace unos meses para acá, algo a lo que llamamos "Jornada Gastronómica" donde nos reunimos varios compañeros de trabajo con sus familias y cada uno debe llevar un plato típico de su país, y créanme, hemos probado manjares a la vez que hemos logrado que muchos otros se interesen por la gastronomía Colombiana.
Es igualmente común que la gente le saque más tiempo a los Hobbies que lo que le sacaría estando en su vida normal en el país de origen: hay algunos que pintan, otros Internet-adictos, otros se abandonan a la música, etc., en lo personal se lo dedico a lectura, a la fotografía y en ocasiones a escribirles para hacer catarsis. También, y aunque no se nos note (porque después de los 30´s esa barriga no la tumba ni el patas) hay buen espacio para el gimnasio. Como ven, siempre algo se inventa para pasar el tiempo.
El otro lado del asunto, como alguna vez les contaba, es que nosotros somos una minoría de la población. Pero ¿Qué hay de la población local que si está sometida a todo el régimen islámico? En Arabia, el ocio está reservado solo hasta la niñez, donde aun pueden jugar, o disfrutar de algunos de los escuetos juegos que hay en algunos centros comerciales. Pero cuando esta gente se hace adolescente ya no hay más diversión, la vida se les vuelve monótona porque adolecen de todo lo que les enunciaba al principio, y los crían haciéndoles ver que todo es malo. Lo que no pueden restringirles es esa cantidad de hormonas que no se gastan en nada y que como es natural, necesitan exteriorizarse. Por ello mismo no es gratuito que esta gente maneje como bestias en las calles, a veces jugando a hacerte creer que te van a chocar, maltratan los carros haciendo trompos y pican motos por doquier. Pero nada de esto es suficiente, por eso muchos de ellos cada fin de semana y haciendo gala de su ferviente doble moral, emprenden el camino de tan solo 3 horas que nos separan de Bahrein, un pequeño país vecino (también musulmán, pero que se hace el de la vista gorda) que no es otra cosa que el más grande paraíso del alcohol y la prostitución en Medio Oriente, pero esto es un tema que merece capítulo aparte, por ahora, basta saber que cuando llegas a la frontera lo que único que ves en el horizonte es un mar de vehículos con hordas de saudíes buscando sacar la adrenalina del cuerpo. Y nada más traspasar la frontera, verlos a todos borrachos y de gancho con alguna puta filipina o rusa que por algún rato les haga olvidar su triste vida. Pero eso sí, todos llegan hipócritamente puntuales al primer rezo del sábado, aun con la mirella en el cuello y el sabor de whisky en la boca. Y obvio, como es de suponer, esto solo pueden hacerlo los hombres. Para las mujeres está reservado el centro comercial, donde todo lo que compren en compañía de sus amigas solo podrá ser lucido en sus casas porque afuera están siempre obligadas al uso de la Abaya. Cabe decir, que tampoco es que las mujeres occidentales corran mejor suerte que las árabes, porque ante su imposibilidad de trabajar, pues mientras el marido labora, ellas se reúnen a matar el tiempo comiendo prójimo en los famosos "Coffee Morning" que van rotando día a día en diferentes Compounds.
En conclusión, ante todo este panorama, es ahora bastante entendible que todos quienes habitamos como extranjeros en este país queramos cada tanto salir corriendo o preparar algún viaje corto que nos permita despejar un poco la mente de este sórdido y poco entretenido mundo, así como también es entendible la actitud espontánea de tener la cabeza como un ventilador cuando uno se sienta en vacaciones a tomarse una cervecita sin restricciones en el parque Lleras en compañía de los buenos amigos.

Hasta una próxima ocasión.

12.04.2009

Comunicado # 18. Travesía Dubai - Riyadh. 1200 Km. Comprobando que los ángeles existen..!


Hola a todos. Luego de haber resuelto todas las condiciones legales en términos de visados, licencias y bancos en Riyadh y de estar un poco más establecido, me decidí al fin a resolver de una vez por todas el único asunto de carácter legal que aun me unía a Dubai, y era el de realizar el trámite de importación de mi carro que ya llevaba varios meses parqueado en casa de unos amigos allí.
Decidí meterme en esa "vaca loca" de la importación del carrito, porque como les contaba en alguna ocasión anterior, debido a la fuerte crisis económica que aun vive Dubai, traerme el carro a Arabia era la única manera de salir limpiamente de allí y de no perder tanto en términos económicos porque nadie en medio de esa situación iba a ofrecerme ni siquiera la mitad de su valor comercial y mucho menos era mi deseo, ante la imposibilidad de venderlo, el de dejárselo abandonado al banco con una nota de "lo siento mucho señores" y engrosar la lista de los más de cinco mil carros que hasta la fecha han sido encontrados por las autoridades en el aeropuerto abandonados.
Previa partida a Dubai, estuve sondeando entre mis amigos en Riyadh, para ver quien se le medía a ese "ladrillazo" de acompañarme en la travesía de esos 1200 kilómetros de desierto que separan a Riyadh de Dubai, porque teniendo en cuenta que mis conocimientos de mecánica automotriz se limitan a cambiar una llanta y poco más, y que en trayectos como estos nadie está libre de que le ocurra cualquier eventualidad o de quedarse dormido, pues sentía que debía recurrir a la compañía de un copiloto que pudiese "cubrirme la espalda" en caso de que alguna de ellas ocurriese. Lo más grato y sorprendente fue que los candidatos no faltaron y que además mostraron bastante ánimo de medírsele a dicha aventura, pero finalmente, por asuntos de tiempos y compromisos personales quien se decidió fue David el "Alquimista".
Ya una vez teniendo la tranquilidad de saberme con copiloto a bordo, emprendí viaje a Dubai a realizar todos los papeleos que, entre otras cosas, fueron un par de trámites bastante rápidos, sencillos y de mucha sorpresa para el policía quien me asistió en el proceso, y que medio en charla me dijo: "¡Ah! ¡Van a caer los globos! Una persona que se quiere ir limpia y legalmente". Luego de eso, se echó a reír mientras removía las placas originales del carro y las reemplazaba por las azules que dan constancia de que el vehículo es de exportación. Una vez terminó, me habló de nuevo diciéndome: "¡Listo!, arranque cuando quiera para Arabia, no necesita más".
Ya solo restaba recoger esa noche a David en el aeropuerto, descansar al día siguiente haciendo "city tour" y rematar en la noche disfrutando de unos buenos momentos con viejos y nuevos amigos en barcito de playa. Valga la pena decir que lo que no adivinábamos en dicha tertulia, amenizada por un DJ que esa noche tocaba al borde de la playa mientras todos echábamos carreta con unos buenos caipirinhas en la mano, eran las sorpresas que nos deparaba la larga travesía al día siguiente.
Horas mas tarde, y después de haber descansado muy poco, finalmente emprendimos el camino que nos llevaría a la tierra del custodio de las dos mezquitas sagradas, no sin antes hacer la parada técnica reglamentaria para programar la ruta en el GPS, poner gasolina y desayunar Red Bull con Kit-Kat para evitar quedarnos dormidos consecuencia del trasnocho del día anterior.
Siendo cerca de la 1 de la tarde ya surcábamos los primeros 500 kilómetros. Todo transcurría sin contratiempos y ya el GPS nos anunciaba el pronto arribo a la frontera, con lo cual hicimos la segunda parada técnica en medio de la voraz canícula que solo sabe ofrecer el desierto puro y duro. Esta vez el motivo de la detención era acabar con toda evidencia del material "haram"(prohibido) que traíamos: unos cuantos trozos de cábano de cerdo que por ningún motivo podían llegar a la frontera, puesto que en Arabia el cerdo es prohibido.
Habiendo ya superado el tema marranito y sin dejar huella alguna, nos dispusimos a cruzar la frontera haciendo primero los papeleos del carro para sacarlo de un país e ingresarlo al otro, y creo que fue aquí donde comenzó el suplicio, primero, porque erróneamente e ignorando lo que nos esperaba, habíamos decidido aplazar el almuerzo para después de cruzar la frontera para evitar demoras. Ya para ese momento eran casi las dos de la tarde y fuera de que nos tocó esperar un rato por el rezo del medio día, cuando el fulano terminó de rezar, nos acercamos a su ventanilla y este desde adentro nos pidió paciencia haciéndonos señas con las manos llenas de arroz amarillo, para decirnos que cuando terminará su almuerzo nos atendería. Mientras tanto nos refugiamos en otra oficina mugrosa con unos funcionarios que amablemente nos invitaron a tomar asiento sin el más mínimo asomo de vergüenza de ver que nos estábamos dando cuenta que demoraban la gente poniendo cara de estar trabajando, mientras jugaban solitario.
Finalmente, el fulano que nos había aplazado, nos selló los papeles y con ellos salimos a cruzar el borde, donde el policía de frontera nos puso el sello de salida de Emiratos Árabes y nos dijo con una risita que no entendimos sino hasta 4 horas después: "ummm... ustedes salen, pero el carro no, hasta que hagan todo el trámite de aduana con estos papeles…. Tienen que devolverse en contravía y buscar el letrero que dice CAMIONES y de ahí van siguiendo las señales", y se volvió a reír. Confieso que ahí ya empecé a notar claros tintes de los ya muy famosos y padecidos ataques de la sociedad secreta y me dije: "prepárate Luisro que lo que viene es candela".
Como era de esperarse, las sospechas fueron confirmadas, el ataque estaba totalmente bien diseñado: seguimos el letrero que nos indicaron y lo que efectivamente encontramos fue un mar de camiones en donde no había ninguna señal a seguir, se trataba más bien de una cuestión de instinto que con suerte y luego de varias esquivadas de camiones finalmente pudimos encontrar la "oficina" donde hacían el papeleo que nos faltaba. Entrecomillo la palabra oficina, porque aquello no era nada parecido, se trataba de una caseta mugrosa, donde atendían a través de un par de ventanucos sucios, roídos y en los que daba asco apoyarse, y para rematar, todos los letreros de procedimiento escritos exclusivamente en árabe y por supuesto tampoco nadie hablaba inglés. La verdad estábamos un poco confundidos por no saber como proceder, además la fila de camioneros tratando de legalizar mercancías era interminable. Yo ya me estaba desesperando un poco cuando vi que David se coló de primero en la fila ante la mirada atónita de la horda de conductores Indios y Pakistaníes que no se atrevieron a manifestar ni una sola palabra en contra de la "colada" puesto que su común actitud por estas tierras de vernos "demasiado blancos" no los dejó. Recuerdo que David me dijo: "Luisro, si no es así, aquí amanecemos parcero". Yo, para amainar un poco el sentimiento de culpa por habernos colado, me dije a mi mismo: "parcero, esta gente está acostumbrada a esperar por sus permisos de circulación y ya son casi las 4 p.m. y aun nos faltan 600 kilómetros por recorrer". También era cierto que no es nada usual ver a dos occidentales haciendo trámite de exportación de vehículo por esa frontera.
Finalmente en el ventanuco me cambiaron de nuevo las placas, reemplazando las azules de exportación por unas placas temporales saudíes. Ahora solo restaba ir a pagar por el papel de legalización final, otro par de sellos y listo. Esto nos los explicó una pareja de hermanos Saudíes que viajaban con sus hijos y que estaban en el mismo trámite y que por supuesto también se habían colado al mismo tiempo que lo habíamos hecho nosotros. La ventaja era que ellos si hablaban árabe y nos añadieron lo siguiente: "Debemos apurarnos, porque nos queda poco tiempo para finalizar todo, el problema es que el banco cierra dentro de 20 minutos y está del otro lado de la frontera y los tramitadores en 30 minutos cierran hasta mañana. De todas maneras sígannos". Apenas emprendimos la marcha siguiendo a los árabes, nos vimos encerrados de nuevo entre el mar de camiones que no daban paso. Para ese momento David iba conduciendo porque yo debía bajarme en cualquier momento a firmar papeles y pagar lo restante. En medio de ese encierro a mi se me perdió la mirada, pensando en la amanecida en carretera y en la disculpa en la oficina por llegar un día tarde, pero en ese momento me dice David que siempre ha sido un tipo positivo: "Luisro, sentí pues el ángel güevón, mirá que el cuchito se bajó a pedir paso a pie". Cuando miré, efectivamente uno de los dos árabes se había bajado del carro con la "Subha" (el equivalente a nuestro rosario) en la mano, abriendo camino como Moisés cuando con el bastón abrió el océano, que para este caso era de camiones y contra el tiempo. Finalmente logramos llegar a la oficina de la legalización que parecía plaza de mercado con cajas llenas de frutas, cabras, muebles y electrodomésticos por todas partes y nos dijeron que corriéramos al banco. Hace rato no corría tanto y menos con angustia de no llegar y de ñapa atravesando la frontera a pie. Además no podía dejar a abandonado a quien nos venía guiando, quien corrió enérgicamente a pesar de ya rondar los cincuenta años. Entramos al banco de últimos, pero adentro había otras 40 personas en fila. Con lo cual llamé a David, quien se encontraba esperando en un galpón asqueroso del otro lado de la frontera y le dije que creía que no alcanzábamos a hacer el trámite.
Por fin logramos pagar, pero efectivamente ya era tarde y la policía de trámites había cerrado, así que estos señores árabes entre conversada y conversada se transaron al policía que ya se iba, para que nos ayudara a cambio por supuesto de una propina, la cual accedí a pagar. Subimos entonces al tipo al carro y casi nos hace desmayar con el nauseabundo olor que traía y aunque este detallito es muy frecuente por estos terruños, nunca vamos a poder acostumbrarnos, tuvimos entonces que bajar todas las ventanas del carro y no apagar el aire acondicionado. El tipo nos hizo parar en un descampado y me llevó a una oficina aparte, prendió luces, computador, y en un par de minutos me dio el preciado papel con el cual ya podía pasar el carro. Luego me dijo: "¡Khalas! (listo) arranque pues que eso era lo que necesitaba." Salí de allí cansado y mal genio pero ya con la tranquilidad de poder seguir el largo camino que aún faltaba. Regresé entonces al sitio donde me esperaba David, quien para ese momento ya estaba sin los árabes, quienes habían seguido su camino.
Eran ya las 5:30 p.m. y luego de haber por fin cruzado la frontera, caímos en cuenta que no habíamos almorzado ni tampoco le habíamos dado las gracias a los árabes que estuvieron siempre al lado nuestro hasta estar seguros que tuviésemos todo lo necesario para seguir.
Antes de pensar en almuerzo, decidimos tratar de alcanzar a los árabes, pero no hubo necesidad de correr, estaban parqueados en la primera estación de servicio a pocos kilómetros de la frontera. Los buscamos en la tienda, pero no había nadie, con lo cual lo más certero era que estuviesen en la mezquita rezando. Pasados un par de minutos salieron de allí, les agradecimos por toda la asistencia y uno de ello remató con lo siguiente: "Yo soy Saudí, pero que se joda Arabia Saudita y su gente. Odio esta clase de trato y lo poco organizados que son. Y, ¿ustedes que? Tienen cara de no haber comido nada, ¿cierto?, le respondimos que no pero que ya buscaríamos algo en la tienda y nos dijo: "no, no, no, no faltaba más, Mohammed, tráigale un par de sánduches y juguitos a cada uno" cosa que aceptamos entre agradecidos y sorprendidos por la amabilidad de esta gente. Luego de intercambiar teléfonos, nos invitaron a seguirlos, emprendiendo así, bajo el ocaso de un inmenso sol rojizo y de la imponencia del desierto, el camino que nos llevaría de nuevo a Riyadh.
Nuestros guías se quedaron en una ciudad a medio camino, de allí en adelante continuamos solos la ruta no sin antes hacer una ultima parada técnica, esta vez solo para permitirnos ver un espectáculo que solo puede apreciarse en entornos desérticos como este: bajarse a contemplar en oscuridad total, una bóveda celeste que solo había visto en películas y en el planetario. Fue alucinante ver tal cantidad de estrellas que, entre "fijas" y fugaces, se encargaron de cerrar con broche de oro el largo y angustioso día. Claro, eso sin dejar por fuera que uno de los señores árabes me llamó al celular, cuando sus atinados cálculos intuyeron que habíamos llegado a Riyadh, tan solo para preguntarnos si finalmente habíamos llegado bien. Como ven, después de ese último detalle, opté por creer lo que me dijo David acerca del Ángel, porque de no haber sido por este par de personajes, creo que aun estuviéramos dando vueltas en esa frontera.

Hasta una próxima ocasión.

10.09.2009

Comunicado # 17. Vida de Compound. Y el asunto de marcar territorios….



Nota: Compound: Recinto de viviendas donde suelen vivir las comunidades occidentales en Medio Oriente muy similar a lo que conocemos en Colombia como unidad residencial.

Hola a todos. Cuentan quienes vivieron en Riyadh antes del año 2003, que ya nada fue lo mismo una vez que en el mes de mayo del mismo año ocurrieron los atentados terroristas que dejaron en pánico a la ciudad, no solo por la cantidad de muertos que ello dejó, sino por la zozobra de sentirse perseguidos y amenazados por el simple hecho de ser occidentales. Cuentan también, que el éxodo de muchas de las familias que habían venido a Arabia buscando un mejor futuro fue alucinante, y que quienes decidieron permanecer, lo hicieron bajo la promesa de las más estrictas condiciones de seguridad.
Digamos entonces que ahora, este es el panorama que antecede lo que hoy en día heredamos en condiciones de seguridad en los Compounds donde vivimos. Ese año marcó un antes y un después. Antes, muchos de los Compounds ni siquiera tenían muros que los delimitaran, simplemente eran conjuntos de casas tipo insertadas en la ciudad que se mezclaban con las calles sin problema alguno. Hoy en día, para acceder a cualquiera de ellos, por ejemplo al nuestro, hay que surcar mil controles, lo primero es abrir la primera puerta con tarjeta magnética, luego esquivar barricadas de concreto en zig-zag que garanticen la mínima velocidad del vehículo entrante, luego llegar a un primer control donde hay que abrir el capó para verificar que no cargas nada peligroso, te piden igualmente que abras el baúl para tener seguridad que no entres ni licor ni mujeres. Luego de esto, continuas surcando más barricadas de concreto custodiadas por un par de tanquetas militares con camuflado tipo desierto y cada una de ellas con un par de soldados que tienen unas armas rarísimas que parecen de plástico, luego viene el segundo control donde cuando no te conocen te paran para que muestres la identificación de que vives en ese Compound y ¡listo! ya estás adentro. Para mi, la experiencia de esta imagen fue bastante pesada y depresiva los primeros quince días, ya luego te vas acostumbrando y lo ves como un proceso rutinario normal. Pero al principio era inevitable acordarme de mi señora madre cuando en mis épocas de Colegio me decía: “Ay lucho, yo le pido mucho a mi Dios que no te lleven para el ejército, pero si es inevitable, ojala que te lleven al Sinaí, porque allá no hacen nada y pasan delicioso” confieso que por algún tiempo hasta me hice a la idea de prestar el servicio militar en ese desierto, pero ya ven como es la vida, no me tocó el Sinaí, pero estoy viviendo algo similar en imagen a tan solo “dos cuadras” de allí. Hago la analogía, porque al principio me parecía que siempre estaba entrando en una guarnición militar, y mientras estaba reparando en cada entrada y salida del Compound el doble cerco de seguridad que lo circunda (una reja exterior con remate en alambre de púas, después una vía interna de servicio y luego un muro como de 3 metros de altura rematado también por el mismo alambre, más una seguidilla de sirenas rojas y naranjas que distan unas de otras unos 4 metros), estaba pensando para mi mismo: “Ehh! LR, tanto fregar tu mamá con lo del Sinaí, eso era porque ya presentía que en algún momento de la vida estarías por estas tierras viviendo algo parecido”.
Y eso que puedo contarles que nuestro Compound es de los más relajados con respecto al tema del control, pero hay otros, por ejemplo donde jugábamos softball, que nos tocaba llegar con una hora y pico de antelación al juego, porque los controles tomaban cerca de 40 minutos que se te iban en caminar desde un parqueadero al otro lado de la autopista, luego surcar a pie un par de controles del ejército Saudí a quienes debes enseñar identificaciones, luego pasar a un control del gobierno de otro país que me abstengo de mencionar y quien es el dueño temporal de dicho Compound. Una vez allí, te cambian tu tarjeta de residencia por una tarjeta de visitante que te autoriza a entrar luego de que pases el control de metales y requisas tipo aeropuerto. Luego pasas a una sala de espera donde te recoge una busetica cuyo conductor es un escolta que te lleva hasta el campo de juego y se sienta en las tribunas a esperar a que se acabe el partido para llevarte de nuevo a la salida.
Se que todo esto suena extremo, asustador y tal vez hasta paranoico, pero para una ciudad pasada de tranquila como lo es Riyadh, se trata más de un tema de marcar de territorio: ustedes aquí(musulmanes) y nosotros allí (gente de occidente). La explicación no es otra cosa que los saudíes juiciosamente musulmanes y respetuosos de su ley, piensan que no deben contaminarse con lo que sucede al interior de los Compounds y por ello mismo tienen prohibido el acceso a estos recintos. Claro que no falta alguna que otra oveja descarriada que por gozar de doble nacionalidad, se las ingenia para entrar con otro pasaporte.
En parte es entendible, porque dentro de los Compounds por su calidad de “pueblo pequeño” se ve de todo lo que a un árabe saudí escandalizaría: Licor casero o a veces “del bueno”, mujeres sin Abayah, o lo que es mejor, mujeres en bikini en las piscinas compartiendo en absoluta normalidad con los hombres como en cualquier sociedad civilizada, fiestas, porque también algunos Compounds tienen bares y las rumbas son cada fin de semana, etc.
Dentro de los Compounds, la vida se lleva más o menos con normalidad, generalmente están bien equipados con gimnasios, piscinas, restaurantes, supermercados, lavanderías, canchas de tenis, squash, micro fútbol, baloncesto, etc. Es de alguna manera a las cosas que estamos acostumbrados en nuestros países, pero no me refiero a lo que ellas mismas significan en sí, porque en cualquier parte del mundo estos equipamientos son necesarios, sino a “el cómo” se suceden las relaciones humanas dentro de ellos, que es lo que corresponde a nuestro canon de “normal”.
Al fin de cuentas siento que se trata de un asunto de respeto: nosotros no queremos afectar a ninguna cultura (y menos a la local) con nuestras costumbres, pero tampoco queremos que se nos juzgue bajo la óptica de restricciones religiosas y sociales que consideramos absurdas. Y se, que aunque no es ni lo ideal ni lo humanamente civilizado, mientras que las maneras de concertación y respeto sean poniendo cercos y muros entre nosotros, pues que sigan existiendo.

Hasta una próxima ocasión.

8.18.2009

Comunicado # 16. Desde adentro del Cuartel. En Tierra de Vacas Sagradas: India….


Nota: Para comprender de mejor manera esta entrada es bueno haber leído con antelación la entrada # 8 de este mismo espacio.

Hola a todos. Tengo un vago recuerdo que de niño siempre me inquietaba de sobremanera la geografía: eso de saber sobre capitales, sobre lugares remotos, sobre países apartados, sobre cómo vestiría la gente en otras latitudes ocupaba bastante tiempo de mi vívida infancia. Luego con el pasar de los años esas inquietudes fueron transformándose en sitios concretos, que al final no terminaron siendo otra cosa que el unísono de lugares comunes cuyo génesis era la reunión de imágenes del cine, de fragmentos de textos, de historias de viajeros, pero sobre todo de “ósmosis popular”; de esa manera tan fácil de interesarnos solo por lo que nos cuentan otros o de lo que nos queda grabado por física repetición, pero nunca por inquietud propia. Por eso siento que cuando se nos pregunta: "¡Ey vos! ¿Qué parte del mundo te gustaría conocer?" Yo creo que sin falta escucharía: "¡Uy! Hermano a mi me gustaría ir a La India, o a La China, ¡ah no, ya sé! Mejor Egipto. ¡Eso! Te imaginas". Pero pare de contar. Ya sé que me dirán: "Ey Viejo, pero está súper de moda ir a Argentina y a Chile". Pero de verdad me sentiría muy contento de escuchar deseos que no estuviesen vinculados con el imaginario colectivo sino con el interés personal de enterarse que el Mundo es enorme y por ello mismo naturalmente rico en variedad.
El problema de solo tener información referida fundamentalmente por el cine, los libros o la televisión, es que en su mayoría dicha información viene encapsulada en dosis idílicas, místicas, y yo diría que hasta mágicas y que hace que elabores tu propia imagen de los sitios de una manera enamoradiza y casi perfecta, pero eso sí, nunca real. Recuerdo que algo así menciona Richard Sennett en su libro Carne y Piedra, cuando habla de la desilusión que puede causarle al hombre cuando tiene interiorizado la perfección del sexo del cine lleno de sábanas blancas, música lenta, ausencia total de sudor, de mantos que ondean suave y libremente por el ambiente e incluso del espacio mismo donde se sucede y cuando esto lo compara con el sexo real. Pues lo mismo ocurre cuando pisas las pirámides de Egipto y en vez de ver la mística y aventurera presencia de Indiana Jones, lo que te encuentras es al popular vendedor de paletas que te persigue hasta el agobio, también el señor que te quiere tomar la foto, el otro que quiere que tus niños se suban al camellito y así sucede con la mayoría de los sitios icónicos del mundo.
Por ahora me voy a ocupar del país que ya no se si cariñosa o fastidiosamente llamamos “El cuartel general de La S.S.: India” y de la fugaz visita que con motivo del matrimonio de un buen amigo tuvimos la oportunidad de vivir.
Antes que nada y después de este “ladrillazo” introductorio quisiera manifestar que siento mucho que lo que les cuento a continuación sea una de esas desilusiones de las que hablaba un poco más atrás porque nada mas alejado de esa India mística de ensueño, de esa India milenaria que llevamos soñando conocer toda la vida a lo que te encuentras en la realidad. De todas maneras esta fue una de esas experiencias a las que uno acude como soldado avisado, porque esto de vivir en medio oriente ya te va dando cierta experiencia con el personal de la India y cada unos de sus agentes S.S. (valga la pena decir: unos 1.100 millones) ¡Y como no! de sus expertos ataques al hombre occidental.
Uno aborda el avión con una sensación dual, medio molesta, que creo viene de la dicotomía de estar por un lado fascinado por saberse rumbo a esa India maravillosa y tradicional, pero molesto por el otro, porque acaban de pasar las azafatas rociando ambientador a dos manos a lo largo del avión para mitigar el olor tan maluco y muy propio de esta gente, y esto ya te iba dando una idea de lo que te esperaría al llegar. ¡Y ojo! No es xenofobia, huelen así, como a especias, a curry, a sopa. Es más, recuerdo a varias amigas azafatas en Dubai como refunfuñaban cada que les tocaba un vuelo a India, Sri Lanka o Pakistán, todas coincidían en que se ponían un poquito de mentol o de perfume debajo de la nariz para no tener que soportar el peculiar olor. Es de verdad que nosotros en nuestra cultura del “ultra aseo” no estamos acostumbrados a semejantes aromas.
Luego de pisar suelo Indio, y una vez has logrado superar los controles de inmigración que significa entrar por New Delhi y sus apretadas filas, quedas ya a merced de lo que los agentes de La S.S. tengan preparado para ti, que además, solo quiere decir una cosa: ataques múltiples inminentes.
Tomo entonces un taxi viejísimo y destartalado, bajo un calor de 36º y humedad de 70%, con un taxista que no tiene ni la más remota idea donde diablos queda el hotel, pero que arranca así sin más, y uno que ya va bastante agobiado por el calor le dice que si puede prender el aire acondicionado del carro (que aunque viejo, el carrito tenía) y el tipo te dice riéndose: “¡si! si tiene aire, pero malo” me digo a mi mismo: “Luisro: ataque #1 y contando”. Luego a medida que pasa el camino vas haciéndote conciente de la ciudad y de lo mugre y lo agobiante que es: ves basura por todas partes, todo el mundo conduce caóticamente y no usan los retrovisores, que además los tienen doblados para no rayar los demás carros cuando se juntan en cualquier semáforo, todo el mundo conduce pegado del pito que reemplaza los retrovisores porque te avisa sin error que ahí vas detrás y por supuesto que te apartes porque el otro necesita pasar. Encima conducen por el lado derecho como los británicos y uno para ese entonces aun no se acaba de familiarizar con ese lado y todo te parece contravía y ¡claro! Que todos te van a chocar; y eso sin contar la nube de los que ellos llaman “Tuc – tuc” que son unos carritos como los que tenía “todoelmundo” en la novela “Las Juanas” pero con el estilo de conducir de moto taxista costeño. Finalmente a punta de preguntar y preguntar y después de dejar descansar las manos de lo fuerte que venías agarrado en el taxi, logramos llegar al hotel donde un botones me indica la habitación y me hace hincapié en que ahí dentro del closet hay una caja de seguridad donde guardar cosas de valor. Mientras me preparo para salir a la calle, separo el pasaporte y tiquetes de regreso para guardarlos en la caja y ¡oh sorpresa! La caja no se puede abrir. Acto seguido llamo a recepción donde me envían a un fulano que me dice: “Buenos días, yo soy el manager del piso y vengo con esta llave a abrirle su caja”, el tipo intentaba e intentaba sin resultado alguno, a lo que le dije: “mira, esa llave tiene un número que no corresponde con el de esta caja. Debes cambiarla por la llave apropiada” y me responde: “¡Ah es verdad!, déjame llamar al General Manager que el hace eso”, ya yo iba anotando en mi libreta de apuntes: “Luisro: ataque #2 y contando”, luego de cinco minutos llega otro tipo, pero ya este con corbata, se presenta como el General Manager y también procede sin éxito. Este tipo usa el mismo recurso del anterior y me dice: “ummm, vamos a tener que llamar al Superior General Manager, porque yo no pude”, al cabo de un momento llegar un fulano ya canoso y evidentemente superior a los otros dos, e igualmente fracasa en el intento de abrir la jodida caja y yo ya me andaba enervando a lo que el tipo se anticipó y me dijo: “De verdad lo siento mucho señor, pero esto lo tendrá que hacer el Gerente general del hotel, pero llega hasta dentro de media hora. Pero lo invito a que pase y tome su almuerzo mientras espera”. Y suelta esa risita de amabilidad, pero que ya uno sabe que es la satisfacción de sentir como se lleva un ataque a la perfección. Yo caminé echando humo por las orejas rumbo al restaurante donde el mesero antes de tomar el pedido me pregunta que si quiero algo de beber y le digo que me traiga una Sprite. Luego de dos minutos me dice: “señor no hay Sprite, ¿le parece bien una 7up?", le digo que si, que eso es lo mismo. El hombrecito vuelve con una cosa distinta llamada Mountain green y me dice con el desparpajo de una excelente agente S.S.: “Señor aquí tiene su gaseosa, no es Sprite, pero le juro que sabe a 7up”. Allí, en esa mesa, comencé de manera automática a buscar las cámaras escondidas para confirmar que estaba en algo parecido al “Truman show” porque sentía que al otro lado de los televisores estaba saliendo como el hazmerreír de todo Bollywood y la gente en los bares y plazas de Bombay celebrando con cerveza y con letreros que ponían: “Luisro: ataque #3 y contando”.
Bajé de nuevo a la habitación con la firme decisión de marcharme sin insistir en lo de la caja de seguridad, pero curiosamente el Gerente General del hotel me estaba esperando en la puerta y cuando entramos simplemente pasó una tarjeta magnética y la caja abrió inmediatamente. Al parecer ya les había parecido suficiente con los ataques del día y me dejaron libre por un momento.
Ya para salir a hacer los típicos recorridos turísticos contraté un taxi para todo el día. Para mi sorpresa me tocó con Ajay, un conductor bastante educado y servicial quien me enseñó la ciudad y muchos de sus vericuetos de una manera bastante completa. El problema con Ajay, era que yo no contaba (o al menos lo había olvidado por un momento) con un par de detalles que son de lo más naturales para la cultura India: uno, el escupir en todas las esquinas o abrir la puerta del carro en un semáforo y hacerlo simultáneamente con otros desprevenidos conductores; y la otra, estar eructando cada que les place, por ejemplo a nuestro amigo Ajay le conté once eructos durante el día de recorridos. También tengo que contarles una metida de pata que cometí con Ajay: resulta que comencé a ver por la calle a unos tipos vestidos con pantalonetas y camisetas naranjadas cargando unos palos llenos de adornos y saliendo de una carpa con música y llena de bananos, fritos, agua, etc. Y se me ocurrió preguntarle a Ajay: “Oye ¿eso es una feria? ¿O un circo? A lo mejor vale la pena entrar". Y el tipo medio serio me responde: “No hombre, eso es un ritual anual de mi religión Hindú y lo que cargamos en esos parales es agua que traemos desde el lugar sagrado hasta estas carpas” Quedé como muñeco de Condorito: ¡Plop!
India es un país donde estos asuntos excretorios son bastante normales, pero no por eso dejan de ser agresivos y desagradables para el turismo, se puede ver de todo, desde lo que les conté con el taxista hasta gente defecando en colectivo y a la vista de todos. Aunque igual pienso que no les debe importar mucho puesto que el grueso del turismo es fundamentalmente local, o sea indios de otros estados que deben ver todo normal. A mi me seguirá pareciendo extraño, pero cuando se trata de lógicas inversas, los Indios son los campeones, por ejemplo, les preocupa que a las mujeres jóvenes se les vea algo del dorso y las mantienen bien envueltas en los Sarees (traje típico de la mujer India), pero cuando están viejitas el pudor ya no existe y andan con las carnes colgando y el Saree queda reducido a ponerse una especie de top con una manta encima pero que inevitablemente deja al descubierto esa horrible pero natural “mondonguera” que a todos nos cae con la edad.
Igualmente existe un grave problema con la natalidad femenina, puesto que se considera un verdadero problema tener hijas, porque el pensamiento inmediato es en la dificultad de conseguir la dote para poderlas casar bien casadas porque de otra manera es la mayor deshonra familiar no poder hacerlo. Por esto mismo se ha generado un problema social tremendo de asesinato de neonatas. Incluso me contaban hace poco, que hay muchísimas casas de la congregación de La Madre Teresa de Calcuta donde reciben las niñas que los padres no quieran quedarse con ellas y que igualmente no opten por asesinarlas. Simplemente las dejan allí por una ventanita que está abierta las 24 horas y te desentiendes para toda la vida de tu hija y la dejas a la buena suerte de la crianza que le den las monjitas. Y al parecer estas casas no dan abasto.
Ya para este punto, cuando llevas unos 4 días en este territorio y has recibido tal cantidad de información y así mismo la has contrastado en tu mente con tu lugar de origen, muy atrás ha quedado ya, esa imagen de India de ensueño y ya estás cansado de comer esos potajes multicolores que componen la gastronomía India y lo único que deseas es darle un buen mordisco a una hamburguesa para tratar de alejarte de ese mundo. Es ahí cuando te entra el desespero por encontrar un Mc.Donald´s, pero cual sería mi sorpresa, que al hallarlo, solo había tres productos: nuggets, wrap de pollo y hamburguesa de pollo; e inmediatamente recordé a mi profesora de primaria cuando decía: “recuerden que en la India no comen vacas porque son sagradas”. Aunque a la profe le faltó contarnos que en algunos estados Indios no se comen la vaca pero si al toro. Como ven la ilusión de una hamburguesita de carne quedaba fulminantemente desmoronada.
Como ven, India es un país de contrastes y de cosas extremas y no es ningún mito eso de que la gente va montada en los techos de los buses, ni que la pobreza es evidente a puntos de miseria: es común ver gente durmiendo en la calle, dentro de canecas, en charcos y creo que de alguna manera esto revela la existencia de gran variedad de religiones que deben tratar de ofrecer algún tipo de fe que pueda mantenerlos con vida, con esperanza, porque con seguridad ante tanta miseria en algo se habrá de creer, y a pesar de que cuando se trata de atenciones estas personas son bastante cálidas y hospitalarias, a mi me queda la sensación de que se han ido abandonado a una suerte decadente que con seguridad no tendrá un buen final. Ojalá me equivoque.

Riyadh, Saudi Arabia. Hasta una próxima ocasión.

7.10.2009

Comunicado # 15. La hora del rezo. A propósito de lo insólito….


Hola a todos. Continuando con la serie de cosas insólitas que vamos descubriendo por nuestro trasegar en Oriente Medio, esta vez he querido contarles el como muchas veces la fuerte devoción religiosa de estos personajes puede llegar a afectar nuestro tiempo y espacio en la vida cotidiana.
Así como en muchas de nuestras ciudades occidentales nos quejamos por la falta de tiempo, por los largos desplazamientos, por lo lento del transporte público, por los largos trancones, etc., así mismo nos podemos quejar en Saudi Arabia de “La Hora del Rezo”, puesto que este país es relativamente tranquilo en los aspectos mencionados anteriormente; y ¡créanme!, cuando alguna ciudad es excesivamente tranquila siempre habrá algún motivo para quejarse.
Aunque no me guste mucho la palabra “queja”, me voy a permitir usarla porque me parece que es la que mejor se ajusta en términos de reacción humana ante una situación que no te es para nada normal y que además te puede dejar altamente sorprendido por simple incomprensión de la misma. Se que esto puede sonar un poco confuso pero ya verán como todo se va aclarando a medida que vaya avanzando este relato.
Resulta pues, que como ya alguna vez les había contado, cada musulmán debe rezar religiosamente cinco veces al día, cosa que yo no le veía mucho inconveniente en la medida que ello se manejara dentro de un marco de respeto y de no afección a nuestras costumbres, además veníamos acostumbrados a los “informales” rezos que realizaban nuestros compañeros musulmanes en Dubai, cosa muy distinta a lo estricto que se maneja este tema en Saudi Arabia. Como sabrán, cada rezo tiene unas horas específicas que van cambiando durante el año conforme a su propio calendario, que entre otras cosas está regido por la luna, y que además, como dato curioso les cuento que los musulmanes están en el año de 1430 y así mismo debemos fechar toda correspondencia con ellos. Pero bueno, continuando con lo que venía, el ritual del rezo además de los tiempos, exige, que cada persona antes de rezar se lave los brazos de los codos hacia abajo y las piernas de las rodillas hacia abajo, con lo cual es bastante habitual encontrar lavatorios en mezquitas, centros comerciales, aeropuertos o en cualquier sitio público. Debo reconocer que Riyadh, debido a su devoción, está muchísimo mejor equipado para esto que lo que está Dubai con su invasión occidental. En Dubai, ante la ausencia del recurso lavatorio, era habitual entrar a los baños echando “madrazos” porque antes del rezo estos hacían fila y se lavaban con la manguera que está al lado del sanitario y dejaban el baño vuelto una total piscina. De verdad era muy desagradable. Y eso cuando no era que veíamos a unos con dotes de malabaristas con los pies montados en los lavamanos comunes, lo que nos causaba un gran desaliento y preferíamos lavarnos las manos luego cuando la impresión de fastidio se nos hubiese olvidado un poco. Aunque también tenía su lado cómico que, una vez limpios, se dirigieran al salón de juntas a rezar con los pantalones del cachaco remangados al igual que sus camisas, todos se parecían a Tom Sawyer cuando jugaba en el río.
Es también habitual encontrar cuartos de rezo en todas partes, puesto que todo debe estar equipado para rezar donde los coja la hora. Aquí les cuento que donde no hay cuartos, estos se las ingenian para hacerlo, por ejemplo, en los edificios que tenemos en obra, los trabajadores se lavan con las mangueras y buscan un sitio apartado, tiran un cartón en el suelo, y a rezar. Aunque he visto un par de casos aun más insólitos, una vez conduciendo por una autopista de alta velocidad en las afueras de Dubai, vi como dos obreros parqueaban su carro a un costado de la vía y se tiraban ahí en el asfalto a rezar ante el temor inminente de quedar condenados por no hacer el último rezo del día. O, en otra ocasión regresando de Abu Dhabi a Dubai en un Microbus, el conductor paró en una mezquita de carretera y nos dijo que iba a rezar y nos dejó ahí tan tranquilo dentro del carro, por supuesto todo el mundo estaba disgustado y más sabiendo que el ultimo rezo es el más largo. El hombre regresó al cabo de media hora y al ver nuestras caras de disgusto, nos miró así como quien dice: ¿Qué? ¿Entonces no rezo pues? Como ven, aunque a excepción de este par de situaciones, las historias con el rezo no influían tanto como aquí en Riyadh, donde todo el mundo carga en la billetera una especie de calendario con los horarios del rezo semana a semana, y no es en broma, pero es una herramienta supremamente útil, pues aquí todo se muere a “la hora del rezo”. Hay incluso muchos sofisticados que tienen en sus I Phones la aplicación “I Pray”, que te marca digitalmente los mismo que el calendario de billetera, se incluso que también hay una versión para Nokia, pero aun no la he podido bajar. Es muy anecdótico, pero no por eso deja de ser molesto esto de que todo lo cierren a la hora del rezo. Por ejemplo, la primera semana que estuve en Riyadh fui al Carrefour a hacer la compra y escuchaba como todos antes en el carro hablaban de ¡pilas con el rezo!, pero la verdad como que no me enteraba de lo que ello significaba, permanecía tranquilo. Pero una vez adentro entendí, estaba comprando unas verduras cuando una voz por la megafonía anunciaba que en 10 minutos comenzaba el rezo, yo, naturalmente no entendía, y cuando me dispuse a pesar las verduras el hombre que las pesa me dijo: ¡Ah, lo siento…me voy…es hora del rezo! Y me dejó ahí parado y no me pesó nada. Poco a poco fui notando como se iba amontonado la gente que esperaba pacientemente que el hombre regresara. Así mismo sucede en las cajas, si es hora del rezo, cierran el Carrefour, todo el personal se va a rezar y te dejan ahí encerrado y con el mercado tirado en la caja. Por supuesto ya hemos aprendido a mercar mientras rezan, para que cuando acabemos, ya ellos hayan regresado. Y así con todo, en los restaurantes te piden que salgas, a no ser que ya estés comiendo, no te venden ni un tinto en ninguna parte, no hay bancos, no hay almacenes, literalmente NADA abierto. Lo curioso además es que cuando uno sale de trabajar a las 6 p.m, es cuando se puede salir a hacer “vueltas” como decimos en Medellín, pero claro, tienes que tener en cuenta que a esa hora aun quedan los dos rezos finales de día, con lo cual me quejo de tener que sacar el papelito de la billetera para programar mi salida, no a la hora que me plazca, sino a la hora que a ellos su rezo los deje hacer su trabajo.


Riyadh, Saudi Arabia. Hasta una próxima ocasión.